martes, diciembre 6, 2022

La foto

«Ay Señor, ser honesto tal como va el mundo es ser un hombre escogido entre diez mil». Lo dijo William Shakespeare ¡hace más de cuatrocientos años! y por algo los dramas shakespearianos son universales y atemporales. Sólo que el mundo va ahora más deprisa y la honestidad, o la honradez que sería más exacto en estos casos, parece haber pasado de moda. Si quisiéramos actualizar la frase simplemente tendríamos que añadir algún cero a los 10.000. Los que disparan contra Alberto Núñez Feijóo saben dónde apuntan, sean de su partido o de la periferia. Y por mucho que le defiendan los suyos, el estigma ya está en su currículo y le acompañará siempre.

Por mucho que le defiendan los suyos, el estigma de Feijóo ya está en su currículo y le acompañará siempre

Y va a hacer mucho daño porque no nos sobran políticos coherentes, que han mantenido una línea de conducta bastante estable durante las últimas décadas, que siguen diciendo lo mismo que hace años y que además no sólo se creen lo que defienden sino que tienen al ciudadano en el objetivo de sus políticas. Las fotos, los dossieres «secretos», los informes reales o inventados por cualquier negro han circulado siempre por la vida política como un arma de (baja) presión. En los tiempos de la transición eran moneda habitual y las redacciones de los periódicos han recibido visitas de personas «desinteresadas» que trataban de hacer un favor al género humano, aunque fuera a cambio de dinero. Defenderse de esos chantajes es difícil y casi siempre queda la sombra de la sospecha.

Las fotos de Núñez Feijóo con un narco, hace veinte años, no son ejemplares. La amistades peligrosas cuanto más lejos, mejor. Pero en política no basta, no debería bastar, con las apariencias. Si se demostrara que algún comportamiento político de Núñez Feijóo en toda su vida política ha sido ilegal o incorrecto, entonces podría pedirse su salida de la política. Y esa regla debería valer para todos. Pero esta foto, en sí misma, sólo merece un reproche moral. Si todos los políticos que están en la vida pública fueran sometidos a este mismo proceso, seguramente no quedaría ninguno que no tuviera una foto comprometida, una carta dudosa o alguna acción discutible.

Ni podemos convertir en sospechosos a todos los políticos ni premiar a los delatores de meras sospechas. «Un hombre honesto decía Proust, debe obtener la estima pública sin haberlo previsto y, por así decirlo, a pesar suyo. Quien se dedica a buscarla, revela su estatura». Puedo equivocarme, pero creo que una de las biografías dignas de quienes están hoy en política hay más, bastantes más, -pero no suficientes-, es la de Alberto Núñez Feijóo, alguien que ha tratado siempre decir lo que piensa y de hacer aquello a lo que se comprometió. Un raro ejemplar al que no puede destruir una foto, aunque sea con un amigo nada recomendable. Facundo Cabral dijo aquello de «amigos y nada más: el resto, la selva», pero no hay que hacerle caso hasta el infinito ni despreciar la selva porque a veces se lleva todo por delante, hasta los principios.

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Francisco Muro de Iscar

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