sábado, diciembre 3, 2022

Rubalcaba y el jarrón chino

La exaltación de Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato del PSOE al tiempo que una terapia para animar a la tribu socialista, deprimida tras las elecciones del 22 de Mayo, supone la liquidación política de Rodríguez Zapatero como líder del partido. Sigue siendo secretario general, pero ya no manda. No manda, pero estorba, como los jarrones chinos.

El discurso (bueno, aunque tardío) de Rubalcaba, al intentar restaurar el registro socialdemócrata de hecho fue la refutación del discurso radical-costumbrista que ha sido el eje del «zapaterismo», aventura política que se salda para el PSOE con la pérdida de todo el poder territorial en España. Es sorprendente que Zapatero no haya resignado su cargo de secretario general. La dimisión habría dado pie a la celebración de un congreso extraordinario del que, vista la situación actual del liderazgo en el seno de la organización, Pérez Rubalcaba habría salido elegido secretario general, circunstancia que al alejar la embarazosa etiqueta de la cooptación, habría reforzado la posición del nuevo candidato. Es verdad que los tiempos políticos  jugaban en contra de esa opción pero, agotada como está la legislatura y con un pronostico electoral tan adverso como el que apuntan los sondeos, a mi modo de ver, al PSOE, más que salvar los muebles -que parece la misión cuasi imposible encomendada a Rubalcaba-, como partido centenario debería dar prioridad a recuperar la conexión con los miles de ciudadanos que se han alejado de sus siglas como repudio a los experimentos políticos de Zapatero.

Dado que ni la bicefalia ni la cohabitación son sostenibles, el mejor escenario es que se celebren elecciones cuanto antes  (noviembre es el mes en boca de todos) para que los ciudadanos pongan a cada uno en su sitio y en el caso del PSOE este partido pueda cerrar la etapa Zapatero como la gobernación extravagente que les ha conducido al borde del precipicio electoral. Tengo para mí que Rubalcaba está trabajando en esa dirección, consciente de que cada día que pasa es un día perdido. Ocho meses más de Zapatero en La Moncloa terminarían de arruinar las posibilidades (ya de por sí limitadas) del candidato socialista.

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Fermín Bocos

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