miércoles, diciembre 7, 2022

Del ostracismo a la alcaldía

La coalición de la izquierda independentista vasca, Bildu, ha pasado en las últimas semanas de la ilegalidad y el ostracismo social a ocupar cientos de alcaldías en importantes localidades del País Vasco. Y lo más emblemático es que, solo con sus votos y merced a la desunión del resto de los grandes partidos, gobierna la joya de la corona, la capital de Guipúzcoa, San Sebastián.

Le ha quitado el cargo al aspirante del PNV, la formación que amenazó a Zapatero con romper su pacto en el Congreso de los Diputados si Bildu no era legalizada en el Constitucional. Y ha dejado en la calle a Odón Elorza, el hasta ahora regidor socialista, otra de las voces que se alzó reclamando la legalización de los independentistas. Son las consecuencias de la política de intentar ganar votos abertzales.

Como era de esperar los concejales de Bildu han jurado «por imperativo legal» lealtad al Rey y a la Constitución. Pero las primeras decisiones del nuevo alcalde Juan Carlos Izagirre, no apuntan bien: va a retirar la bandera española del balcón del consistorio así como el cartel de «ETA, NO». Los donostiarras se encaminan a un verano con la «guerra de banderas» otra vez como escenario de batalla política y policial. Hacía muchos años que este asunto no era objeto de polémica.

En cuanto a la pancarta en contra de la organización terrorista no es de extrañar su retirada dado que al acto de toma de posesión han acudido importantes dirigentes de la ilegalizada Batasuna.

PSOE/PSE y los populares habían llegado a un acuerdo de apoyarse con sus votos en las alcaldías donde fuera necesario y así lo han cumplido. Los nacionalistas del PNV han decidido ir por libre porque su adversario, el que le ha quitado más alcaldías, es precisamente Bildu. Los resultados obtenidos en las urnas por esta coalición solo se explican contemplando el descenso del voto del PNV. Como desastroso se puede calificar el resultado que para los nacionalistas ha tenido su estrategia de reclamaciones imperativas para que Bildu o Sortu participara en los comicios. Han perdido peso en la sociedad vasca y se han quedado sin alcaldías importantes. Porque los abertzales, lejos de agradecerles el apoyo, han pactado con Aralar (una escisión de Batasuna) para ocupar poder.

A la espera de las primeras decisiones de los alcaldes de Bildu solo cabe esperar que, los vaticinios de los que defienden que este es el comienzo del fin del terrorismo, sean acertados. Pero no hay que olvidar que ETA sigue ahí, que no ha abandonado las armas, ni ha abjurado de ser el respaldo armado de los abertzales.

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Victoria Lafora

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