domingo, noviembre 27, 2022

Ganar tiempo a lo inevitable con Irán

La administración Obama ha llegado a la conclusión de que el programa nuclear de Irán ha visto moderado su avance a causa de una combinación entre sanciones, sabotaje y los propios problemas técnicos de Irán. A causa del retraso, las autoridades estadounidenses entienden que hay lo que un funcionario describe como «un poquito de margen» antes de cualquier enfrentamiento militar con Irán.

Las autoridades israelíes también consideran que hay más tiempo a consumir. Moshe Yaalón, primer ministro en funciones de Israel, se detenía en el enfrentamiento iraní durante una entrevista mantenida el 29 diciembre con Radio Israel y decía que Occidente dispone de un máximo de tres años para impedir que Teherán fabrique la bomba.


«Estas dificultades (iraníes) moderan el avance en el tiempo, por supuesto», decía Yaalón, antiguo máximo de la defensa israelí. «No podemos hablar por tanto de ‘punto sin vuelta atrás'». Un alto funcionario de la administración Obama me decía convenir: «No están avanzando con tanta rapidez como nos habíamos temido hace un año».


Esta nueva evaluación de los reveses nucleares sufridos por Irán ha rebajado la temperatura de la que venía siendo la cuestión estratégica más candente de 2010. El pasado verano, Jerusalén y Washington hablaban entre ellos en un clima bélico febril, suscitado en parte por un contundente artículo del Atlantic firmado por Jeffrey Goldberg que describía en términos crudos la posibilidad inminente de acciones militares. Este clima febril parece haberse detenido.


Lo que está cada vez más claro es que el armamento que pasa desapercibido — el sabotaje encubierto y las sanciones económicas — está logrando muchos de los beneficios de la acción militar, sin el coste. Es un enfoque taimado — aún más porque se acompaña de propuestas estadounidenses de diálogo diplomático casi constantes — pero en ese sentido está a la altura del propio estilo de trabajo de Irán de seguir múltiples vías al mismo tiempo.


Las autoridades no discutirán en público el programa clandestino de ataques informáticos y demás sabotajes emprendidos contra del programa nuclear iraní. Pero aun así vemos los efectos — echando a perder centrifugadoras y reduciendo las operaciones de las instalaciones iraníes de enriquecimiento en Natanz – aunque no comprendamos las causas. Así es como se supone que funcionan las acciones encubiertas.


La confirmación más directa de que el sabotaje ha dado sus frutos salía del Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, que en noviembre afirmaba que el virus informático Stuxnet había perjudicado las operaciones de Natanz. «Tuvieron éxito a la hora de dar problemas a un número limitado de nuestras centrifugadoras con el software que habían instalado dentro de repuestos informáticos», dijo.


Un relato fascinante (y notablemente detallado) del ataque Stuxnet fue publicado el 22 de diciembre por el Instituto para las Ciencias y la Seguridad Internacional (
http://bit.ly/em4TsM). El estudio describe la forma en que el virus fue diseñado para atacar un controlador electrónico clave de la centrifugadoras conocido como «conversor de frecuencia de rotación», para que el ritmo de giro de los rotores se elevara y se redujera de una forma concreta que provoca una avería.

Según la información del ISIS, el virus podría haberse introducido en el sistema a principios o mediados de 2009. Hacia finales de 2009 o principios de 2010, reza el estudio, Irán apartó y reemplazó alrededor de 1.000 centrífugas — muchas más de las propias de una avería normal. El virus cubrió su pista informática, pero un análisis de la firma especializada de seguridad Symantec reveló que el código informático del virus incluye el término «DEADFOO7», que podría hacer alusión al término que se utiliza en aviación para referirse a un motor imposible de reparar, y también podría ser una referencia al nombre en clave ficticio de James Bond.


El Stuxnet es solamente uno de lo que parece haber sido una serie de iniciativas encaminadas a desbaratar la cadena de abastecimiento del programa nuclear iraní. «Tales actividades de interrupción abiertas y encubiertas han tenido un significativo impacto a la hora de moderar el avance del programa de enriquecimiento de Irán», concluye el Instituto.


Los retrasos del programa iraní son importantes porque añaden tiempo de advertencia estratégica para que Occidente responda a cualquier avance iraní significativo hacia la bomba. Las autoridades estadounidenses estiman que si Irán intentara «un avance significativo» enriqueciendo en Natanz el uranio al 90% de pureza que hace falta para una cabeza, esa maniobra (que exige la reconfiguración de la instalación de centrifugadoras) sería detectable — y llevaría a Irán de uno a dos años más antes de fabricar la bomba.


Los iraníes podrían intentar lo que funcionarios estadounidenses llaman un «avance estratégico encubierto» en unas instalaciones secretas de enriquecimiento como las construidas en las inmediaciones de Qom. Tendrían que utilizar sus viejas centrifugados mal calibradas (y puede que todavía infectadas por el Stuxnet), como un modelo nuevo de eficacia no comprobada. Las tecnologías alternativas de enriquecimiento, como el láser o el reactor de agua pesada, no parecen factibles en el caso de Irán por ahora, según las autoridades. La tecnología extranjera procedente de Rusia entre otros proveedores ha detenido en seco su flujo, y los iraníes no saben construir los complejos mecanismos (como la «bóveda de presión» imprescindible para el reactor de agua pesada) por su cuenta.


La administración Obama sigue sosteniendo abierta la puerta a las negociaciones, y otra ronda de conversaciones está prevista este mes en Estambul. Pero la verdadera noticia es que Teherán sufre problemas técnicos — provocando suspiros de alivio (y unas cuantas sonrisas pícaras) en Occidente.

David Ignatius

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