miércoles, noviembre 30, 2022

Federico Superstar

Es el mejor. No tengo ninguna duda. Federico Jiménez Losantos se ha elevado a la categoría de mito en vida, por obra y gracia de la radiodifusión. Igual que el verbo se hizo carne, la palabra de Federico es ley, y se materializa en un nuevo diccionario de la lengua. El suyo particular, utilizado ya por el gremio del taxi para definir a los políticos que nos ha tocado vivir, o sufrir.

La diaria homilía del locutor, ya sea en la radio, en su habitual columna en prensa escrita o en el universo digital, florece salpicada por las palabras de nuevo cuño lanzadas al pueblo para su uso y disfrute libre de derechos. Cómo no dibujar una sonrisa cuando Federico se refiere a los dos principales partidos de nuestro país como «el PPOE». Inigualable. Grande. Mítico. Qué decir de su clásico por excelencia, el «maricomplejines», con el que presentó su candidatura a la Real Academia Española, por la puerta grande, a hombros de su inseparable César Vidal. Qué lucidez y capacidad para retorcer el idioma y crear con sus mimbres perfectas expresiones para definir a los objetivos de sus afilados dardos semánticos. Los pelos como escarpias se me ponen.

Jiménez Losantos es ya una estrella. Su destino no es madrugar junto a panaderos y repartidores de prensa. La Gran Vía pide a gritos su presencia. No se confundan. No me refiero a la sede de la Cadena SER, situada también en la céntrica calle madrileña. El lugar de Federico, el que merece su modelo de radio, fresco y ácido a la vez, son los mejores teatros de la ciudad. Las luces del espectáculo precisan ya de nuevas estrellas, cansadas de tanto musical. El vodevil reclama talentos inéditos sobre las tablas para volver a llenar los patios de butacas. Los mejores monologuistas de nuestro país ven con preocupación como Federico ya les pisa los talones, y tarde o temprano dará el salto. El nuevo periodismo no es el nacido al abrigo de la red de redes. La renovación de la profesión no saldrá de los inmensos caladeros de la webdospuntocero. Es en las ondas de las emisoras de radio donde anida la verdad. Ahí residen las esencias del cuarto poder, encarnadas en la tierna voz que cada mañana es azote de compañeros, políticos y cantantes. Vivan con intensidad este momento. Se acaba el periodista, nace la estrella.

Ion Antolín Llorente

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