miércoles, noviembre 30, 2022

Manca Esperiencia

AL LORO

“Manca finezza”, dijo el primer ministro italiano Giulio Andreotti a los periodistas españoles que le preguntaban insistentemente su opinión por la clase política española. De visita en nuestro país en los primeros años de una Transición que asombraba al mundo, Andreotti midió muy bien la respuesta: manca finezza, falta finura, falta sutileza.

Ahora, probablemente, ante la superficialidad, el egoísmo y la falta  de sentido de Estado que estamos viviendo estos días, probablemente habría dicho “Manca esperienza”. Y no solo es una cuestión de edad, sino de conocer a fondo  la cosa política, haber ocupado cargos de cierta responsabilidad antes de pretender La Moncloa,  conocer las dificultades para sacar adelante los proyectos, saber negociar, ceder y mantener lo que no se debe cambiar. Y sobre todo y por encima de todo, defender los intereses de España y los españoles. Eso, además de mamarlo cualquier español de bien, un buen político está obligado a aprenderlo ejerciendo distintos puestos de responsabilidad.

Sin embargo  el futuro de esta España nuestra depende ahora de un grupo de dirigentes que no solo no han ocupado nunca un cargo de gestión pública ni han elaborado un presupuesto, sino que tampoco cuentan con una labor de partido de excesiva relevancia. El que más, Albert Rivera, pero en un partido pequeño –hasta ahora- y creado por él y un grupo de incondicionales a su imagen y semejanza. Por otra parte el futuro depende también de Rajoy, evidentemente,  que tendrá muchos defectos y acumula cantidad de rencorosos que le quieren ver fuera de juego, pero nadie negará que le sobra experiencia. No hay español, y probablemente europeo, que haya  ocupado tantos cargos como él y en tan diferentes despachos.

Ha cambiado el clima respecto a la situación anterior, pero todavía se advierten excesivas filias y fobias. Desde fuera, además, los anuncios políticos que tienen la enjundia propia de lo que se produce en momentos de negociaciones,  vienen acompañados  de una serie de gestos y  tonos de voz que  permiten a llegar a ciertas conclusiones.

La primera, que da la impresión de que solo Albert Rivera se ha preocupado por hacer un análisis electoral en serio. Ha asumido que ha perdido un puñado de votos que han vuelto en gran parte al PP  y por tanto no era difícil adivinar que a sus votantes les gustó regular su pacto con Pedro Sánchez, así que ha propuesto a la ejecutiva de su partido dejar atrás los vetos personalistas y aceptar que Rajoy ha ganado nuevamente las elecciones con más holgura que en diciembre, y es justo permitir que gobierne.  Pedro Sánchez sin embargo no se resigna a aceptar el resultado, pero al menos no le ha puesto el Federal unos límites que le imposibilitaban cualquier maniobra,  como ocurrió cuando le dijeron que no a Rajoy de ninguna de las maneras. Ahora, además del no a Rajoy, le han dicho que  debe aceptar su paso a la oposición, lo que significa que no puede entrar ya en aventuras de intentar pactos de gobierno con Podemos.

A Pablo Iglesias se le ve como noqueado. Pensaba que podía ganar incluso al PP y no ha conseguido ni el sorpasso al Psoe. Su acuerdo con IU, que llevó adelante en contra de gran parte de su partido, ha resultado un fiasco. Intenta sacar pecho, pero es evidente que tanto su figura, como las siglas de  Podemos, se han desinflado, y gente que le conoce bien asegura que si a corto plazo no se ve con posibilidades de triunfar, de llegar a lo más alto, se retirará a sus cuarteles de invierno universitario y abandonará la política. Resulta difícil de creer después de armar la que ha armado, pero es evidente que al perro flaco de Podemos le empiezan a aparecer las pulgas.

Rajoy piensa que puede irse de vacaciones en la primera quincena de agosto. Como presidente, sin la incómoda etiqueta “en funciones”. De vacaciones se quiere ir todo el mundo, ha sido un año agotador en el que mucha gente del mundo político ha apostado muy fuerte.  El deseo de Rajoy parece excesivamente optimista, pero en política ocurre como en las guerras: se sabe cómo se empiezan las negociaciones, pero no cómo y cuándo acaban.

Pilar Cernuda

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