sábado, diciembre 3, 2022

Las cuentas claras, lo demás también

Con la presentación de los presupuestos generales el sábado, se inicia el tramite parlamentario más importante de cada año. En esta ocasión, además, la discusión presupuestaría debería contribuir a clarificar aspectos esenciales de la política española y a señalar con igual claridad el rumbo que toma la estrategia del Gobierno.

Pero la verdad es que, hasta ahora, la confusión reina por encima de la luz, y los taquígrafos deben estar agobiados por la irritante complejidad que se añade al lenguaje político, por si mismo bastante extraño, cada vez que nuestros responsables públicos tratan de esquivar las consecuencias más desagradables de sus decisiones.

Hasta hoy mismo, gobierno y oposición siguen enzarzados en defender, cada uno por su lado, tesis opuestas sobre el futuro de las becas, por poner un ejemplo, que si para los primeros crecen en torno al 2%, para los segundos se reducen en más de un 8%. Si el debate que sus señorías van a tener en el ya muy famoso Congreso de los Diputados va a seguir esta senda, lo más seguro es que la desconfianza-país se incremente como indicador objetivo de nuestra incapacidad nacional para arreglar los problemas.

A ese factor de desconfianza contribuye, sin duda, la continua presión callejera que unos miles de indignados convierten sistemáticamente en un conflicto de apariencia mayor, con una dimensión de crisis nacional que no es en absoluto cierta.

La irresponsabilidad que por su parte refleja el prestigioso New York Times sobre la verdadera realidad española, convirtiéndonos en un país tercermundista en el que el hambre determina la existencia de millones de indigentes, sirve de contexto a estas algaradas y deja en evidencia el descontrol que hay sobre nuestra imagen e identidad. Las elecciones convocadas en las tres comunidades históricas ponen el colofón, dando a entender la existencia de un desgobierno evidente y de una falta de rigor en la ordenación de las prioridades, atribuyendo un protagonismo al conflicto territorial que desmerece la verdadera importancia que tienen los asuntos más graves.

Si necesitamos claridad en el inmediato debate presupuestario es porque la idea de comunicación útil de las estrategias públicas ha eclosionado en un estruendoso fracaso, y como en política no existen los espacios vacíos – que dejan PP y PSOE con sus torpezas, errores y falta de liderazgo-, las opiniones y las interpretaciones surgen espontáneamente a partir del hueco que ocupan agitadores en la calle, independentistas inoportunos y toda clase de figuraciones que incrementan la falsa idea de una España a la deriva.

El debate, insistimos, debería ser serio, riguroso y esclarecedor. España lo necesita.

Editorial Estrella

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