sábado, noviembre 26, 2022

Nuevo compás de espera

En política, como en la vida, no hay nada más inteligente que jugar con las cartas que se tienen en cada momento. Inventarse jugadas imposibles, o tentar la suerte creyendo que la suerte es mejor que las cartas sugieren, no es audacia, sino pura temeridad y no tengo a Rajoy por ser un hombre temerario, aunque a veces de la sensación de que se ha acomodado a bailar en el alambre, de que todo o casi todo lo fia al paso del tiempo.

Como no le creo temerario, entra en la más pura lógica que en la rueda de prensa del pasado viernes en Moncloa, no fuera más allá de donde fue; es decir, que no se lanzara a pronosticar el futuro. Ni rechazó el rescate, ni afirmó que acudiría a él. Dejó la puerta abierta a los imponderables que , con toda seguridad, se van a producir en las próximas semanas y, sin duda en los tres próximos meses.

Nadie, ni el Presidente del Gobierno ni nadie puede aventurar a ciencia cierta cómo se van a comportar los mercados. Nadie se atreve ya ni a insinuar cuando Dragui dará a conocer los extremos a cumplimentar para poder acceder a rescate. A lo largo de este  mes de Agosto el Eurogrupo no tiene prevista reunión alguna y no será hasta Octubre cuando se sepa la valoración que se hace del  Plan Bianual e que el Ejecutivo se compromete a un ajuste nada menos que de 102.000 millones de euros hasta 2014, remitido por el Gobierno español a Bruselas. Añadir que ,si las previsiones de calendario se cumplen, cosa que está por ver, no será hasta el mes de Diciembre cuando se concrete la llamada «autoridad financiera».

Así las cosas, estamos ante un nuevo compás de espera. Tantas veces hemos empleado el término «definitivo», que ya da vergüenza ajena repetirlo. La crisis nos viene demostrando que nada hay «definitivo». Lo que hay, en todo caso, son certezas . Algunas de estas certezas son demoledoras: la deuda de España asciende a 900.000 ¡millones¡ de euros; a la vuelta del verano tenemos que pagar casi 30.000  ¡millones¡ de euros en intereses y en los dos últimos años la recaudación ha descendido en 70.000 ¡millones de euros¡. Resulta difícil imaginar una situación más endiablada de gestionar sin que el Gobierno, por bien que lo hiciera, no se quemara en el intento.

Y este Gobierno y su Presidente se están quemando vivos, por errores propios y exageraciones ajenas que se traducen en enmiendas a la totalidad a su gestión como si pudiéramos permitirnos el lujo de además de la crisis, añadir una crisis política. Nada ocurriría si hubiera un recambio cierto al equipo médico habitual, si en la sala de urgencias tuviéramos un magnífico equipo presto y con pericia demostrada para afrontar la operación a corazón abierto en la que se encuentra nuestro país. No lo tenemos. Ni tenemos ese equipo medico alternativo, ni dinero, ni tiempo. Por todo ello y porque, quizás, no me llega la camisa al cuerpo, lo más prudente creo que es jugar con las cartas que tenemos y, es verdad, son pocas y malas.

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Charo Zarzalejos

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