jueves, diciembre 1, 2022

La hora electoral griega y España

Si en la economía política dos más dos fueran cuatro, podría decirse que la tensión financiera debería relajarse, pues Grecia ha votado de acuerdo con los intereses señalados por las posiciones más ortodoxas de la eurozona, que lidera la señora Merkel, y ha aliviado la incertidumbre sobre el cumplimiento de los compromisos contraídos en la operación rescate pactada por los conservadores y los socialistas, vencedores hoy de las elecciones repetidas en el país heleno.

Pero la verdad es que hasta que los mercados no se manifiesten, no sabremos cual es la verdadera situación a la que nos enfrentamos aquí en España, puesto que también pensábamos que una vez avalada nuestra penosa situación financiera en las cajas con el dinero rescatador, los inversores devolverían la calma a nuestra deuda y facilitarían que el cálculo de riesgo se redujese en consecuencia.

Pero no fue así. Como quizá no sea suficiente este resultado electoral, ya que quedan pendientes las evaluaciones de los auditores y otras decisiones políticas que corresponden al G2o y al consejo europeo, citas que comienzan esta semana.

La estrategia del PP, confusa pero no incomprensible, dice que España ha dado todas las muestras de responsabilidad que se le pedían, pero que lo que falta son decisiones en Europa que conduzcan a una integración fiscal, con la creación de una autoridad y una armonización suficiente que den estabilidad y capacidad para volver a crecer.

Esa es, sin duda, la estrategia y su consecución depende de los socios europeos, que deberían haber aprendido de las elecciones griegas el peligro que la construcción europea sufre cuando la intransigencia y la arbitrariedad se imponen.

Los griegos han votado en el límite, y aunque han optado por la reedición de las relaciones entre ND y PASOK, queda abierta una fractura política de incalculable dimensión, ya que el fraccionamiento de la cámara y el gasto en amenazas políticas que se han hecho desde fuera en estas elecciones, marcarán el comportamiento de los ciudadanos griegos en el futuro.

La actitud de Merkel y sus ministros, además de penosa, ha rayado la injerencia más impresentable y desde un punto de vista tan progresista como conservador sea preciso, hay que decir ahora que ya hemos terminado este capitulo que el comportamiento de Alemania empieza a ser algo más que impresentable y comienza a ser necesario reflexionar sobre las consecuencias de las decisiones y los actos de las últimas semanas.

En otras palabras, Grecia bien y Alemania muy mal.

Editorial Estrella

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