sábado, diciembre 10, 2022

San Alfredo de Asís

Les supongo informados, ya que Estrella Digital se hizo eco del acontecimiento, sobre las recientes representaciones en Madrid de la ópera San Francisco de Asís del compositor francés Olivier Messiaen. Dicha obra es abundante en sonidos, mensajes y horas. A un servidor le gustó e incluso le sumió en cierto misticismo como les ha ocurrido todos aquellos que hemos presenciado íntegramente cualquier función en la cual se presenta al protagonista como un referente para este nuevo siglo. Me parece estupendo, ya que me llamo Paco y San Francisco es mi patrón.

Pero en un momento de lucidez me he dado cuenta: el asunto está claro; detrás de todo este evento, como se dice sobre tantas otras cosas que ocurren en nuestro país, se encuentra el señor Rubalcaba. Está clarísimo. Me juego lo que quieran.

San Alfredo P. Rubalcaba ha acomodado oportunamente su figura, gesto y discurso al santo de Asís. Por ello, sin duda alguna, intervino de una forma u otra en la programación de esta ópera. No sería de extrañar que en próximas apariciones públicas lo hiciera calzando sandalias toscas y vistiendo hábitos austeros de un tristísimo y siempre lamentable color marrón.

San Alfredo habla del “Hermano Zapatero” y sus desvelos por la patria que es la nuestra. También alienta a los “poverellos” del mundo e incluso a los indignados de por aquí. Todo ello con un talante franciscano: sencillo y  directo que sin duda es un contrapunto a la música que estábamos acostumbrados a escuchar.

Cuando habla de la banca y demás poderes en general, su discurso es el propio de alguien que está en posesión de la verdad la cual solo está al alcance de quienes conocen tantos secretos y tienen la autoridad para revelarlos. Tal vez, en mi modestia, deseo comentar que la creación de empleo no debería esperar, tal y como propone San Alfredo, a unos posibles beneficios que puedan alcanzar al final de cada ejercicio estas entidades financieras. Con que los bancos realicen su lógica labor y aporten algún crédito a los emprendedores y ciudadanos, el asunto podría resolverse más rápidamente. Pero no me hagan mucho caso pues si se habla de autoridad, servidor carece de ella. Gracias a Dios.

Me encanta San Alfredo. Es ocurrente, listo, simpático y conoce los resortes del poder. Desde el primero al cuarto e incluso los fácticos. También marca su terreno en el convento: equidistante del “Hermano Felipe”, del “Hermano Bono” y por supuesto de la “Hermana Chacón”. Sin embargo me gustaría conocer lo que piensa el “Hermano Zapatero” detrás de esa sonrisa helada que luce en sus últimas apariciones. Diría que se mueve entre el desconcierto, la estupefacción y cierta alucinación.

Todas estas posibilidades del espíritu cabe documentarlas para el futuro, pues sin duda estamos ante el primer milagro de San Alfredo de Asís: el “zapaterismo” ha desaparecido y todos contentos. Milagroso.

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Paco Fochs

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