domingo, noviembre 27, 2022

Colaboración con ETA

Sin un conocimiento detallado de todos los documentos y la transcripción de las comparecencias es arriesgado hacer un juicio rápido sobre el procesamiento de la cúpula policial en el ‘caso Faisán’. No hace falta tanto para hacerse una idea cabal de algunas cosas. La primera, el carácter chapucero de la operación policial porque, sin duda, se trataba de algo delicado y especialísimo que, en el peor de los casos, exigía una precisión y confidencialidad que, por hacer mal las cosas, se encuentra en estos momentos ante la vista de todos: de los protagonistas, de los implicados en el asunto, de los terroristas también que, sin duda, conocen ahora mejor que antes cómo son los procedimientos policiales de infiltración y los resortes de búsqueda de información.

Reconozco que, al menos en este momento, con la información que tengo, no me hago una idea clara de si el ‘chivatazo’ respondía a un afán de tranquilizar las cosas en medio del tristemente famoso “proceso” o, sencillamente, se trataba de impedir una acción policial para dar continuidad a otras que pudieran tener más calado. Esto último –como no detener a un terrorista hasta que se tenga noticia de todas sus conexiones- es una práctica habitual pero lo que llama la atención, fuese una cosa o la otra, es la falta de coordinación, la misma necesidad de un ‘chivatazo’, el absurdo de la situación que ha dado lugar a estos procedimientos.

Pongámonos en lo peor, en que se trataba de una operación colateral al “proceso”, de no detener a unos criminales no por sostener una investigación más amplia, sino porque su encarcelamiento podía dificultar el “proceso”. Como el mismo “proceso” me pareció desde su inicio algo lamentable en el fondo y en la forma, todo intento de apuntalarlo me merece el mismo juicio, al margen de que, al hacerlo, se vulnerasen las leyes y, por tanto, pudieran ser merecedores de procesos judiciales. Lo que me extraña, sinceramente, es que la calificación de estos hechos sea, precisamente, de colaboración con una banda terrorista, con lo que supone de connivencia con sus fines, y no otras, graves pero de menor alcance, que, a mi juicio, y dicho lo que tantas veces he repetido sobre la lucha antiterrorista y el diálogo con ETA, hubieran sido más ajustadas. Y no por quitar hierro al asunto, sino, sencillamente, por ajustarse más, desde mi punto de vista, a la realidad: una cosa es vulnerar la ley en lo que al secreto o a las funciones policiales se refiere y otra que, como digo, implica una vinculación a los fines de ETA, colaborar con el terrorismo. Una cosa es querer, con procedimientos que considero inaceptables, amainar a la banda y otra colaborar con ella como tipo legal.

Naturalmente, si yo mismo opino sobre el asunto, no puede parecerme mal que un asunto de tanto calado esté en el debate de la política y de la opinión pública. Pero sí creo que el tono, al menos, debe preservar el más que necesario entendimiento y la unidad en la lucha antiterrorista. Si la impericia, los excesos y los malos hábitos han arrasado ya muchas cosas, espero que esta última se mantenga.

Germán Yanke

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