lunes, noviembre 28, 2022

España caza criminales

España ha entregado a Bosnia al criminal de guerra Veselin Vlahovic, alias ‘Batko’. Vlahovic, es conocido como ‘el Monstruo de Grbavica’ por el nombre del barrio de Sarajevo donde cometió sus crímenes. La decisión ha correspondido a la Audiencia Nacional y al Gobierno tras ser detenido en marzo pasado en el marco de una operación de la Policía Nacional contra una banda organizada de ciudadanos del Este dedicados a desvalijar casas y empresas.

Este monstruo era objeto de distintas órdenes de busca y captura internacionales por haber participado en más de cien crímenes de hombres, mujeres y niños. También por fugarse de la cárcel y por haber participado en delitos camínales relacionados con el hampa, la prostitución y los robos. Una joya, el monstruoso muchacho.

Este era el material que configuraba la ética del sueño del nacionalismo panserbio. Conocíamos la miseria de Milosevic o el repugnante mundo de Karadzic, un fanático sin escrúpulos ni alma, y por lo que vimos después, sin vergüenza. Nos faltaba certificar el edificante mundo natural de sus oficiales y heroicos soldados. Los que disparaban contra la avenida de los francotiradores de Sarajevo, los que mataban en la Marsala Tita, en el mercado viejo o en cualquier rincón de un Sarajevo asediado por la brutalidad de unos enfermos mentales.

Falta ahora la culminación de un juicio justo para el jefe serbobosnio, encerrado en La Haya y falta, desde luego, que se aprese a Mladic, un carnicero al servicio de la paranoia nacionalista. Si Serbia quiere contar con el respeto sincero de la comunidad internacional debe cerrar ese capitulo con la dignidad que es obligada.

Esa guerra que aún muestra estas noticias como parte del día a día de nuestro continente debe cerrarse con la demostración palmaria de una rectificación acompañada de un perdón sincero y no sólo para justificar una nueva etapa. Ese país necesita hacer examen de conciencia y sin él es imposible asumir la natural vecindad que demandan. Digan lo que digan los gobiernos, para nosotros, los ciudadanos, esta exigencia debe ser una obligación irrenunciable.

Que empiecen por saber que el monstruo Grbavica era, en realidad, uno de sus héroes. Y que les de vergüenza. Será un gran paso.

Rafael García Rico

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