sábado, diciembre 3, 2022

Problemas de comunicación

El día que hay debate importante en las Cortes, los responsables de comunicación de los partidos se aplican con los periodistas. Con los mismos a los que el día anterior no cogían el teléfono o lo hacían sólo para excusarse “porque no podían adelantar ningún detalle”. Unas 12 horas después se plantaban solícitos en el patio del Congreso para que se formase un corrillo. Cuanto más apretado, mejor. Los cargos y asesores lo llaman información. La prensa que no comulga con ruedas de molino prefiere el término intoxicación.

Uno de los encargados de dar la versión de José Luis Rodríguez Zapatero se esforzó mucho con las cifras pero acabó lamentándose por haber tenido que abrazar “la mercadocracia” en vez de la democracia. Lo dijo con pesar y con una sincera cara de asco. Consciente de que, al final, después de vender hasta la saciedad que los derechos sociales son intocables, había llegado el momento de tocarlos y que lo iban a pagar los de siempre, especialmente los pensionistas y los empleados públicos que no tienen plaza fija ni dedican su jornada a tomar un café detrás de otro. Mejor que el bajón se dé en la calle que en las bolsas, reconocieron. Otro de los que atendían a la prensa fue mucho más claro: “Era truco o muerte, no había otra”.

La pregunta sin respuesta fue la de los recortes que vendrán en breve. Si no se descartaban más subidas de impuestos y había que darle esta vez a las rentas más altas, como piden los partidos de izquierda, ¿cómo se iba a hacer?, ¿vía IRPF?, ¿metiendo mano a las SICAV? “No es el momento ni estamos aún en ese debate”. No estaban ellos, pero sí los demás. Manuel Chaves ha acabado diciendo que el Ejecutivo tomará “a corto plazo medidas destinadas a los que más tienen”. Elena Salgado, que “no es una cuestión que esté sobre la mesa”. Y José Blanco, una mezcla de las dos, que el Consejo de Ministros “no ha hecho aún esa discusión” pero que a él se le ocurren muchas más fórmulas además de subir el IRPF a las rentas altas”.

En el PP no había tantas ojeras. Es más, estaban demasiado exultantes dada la situación económica. Llegaron a decir que el discurso de Zapatero le había llegado por fax -¡en estos tiempos!- y que se lo había redactado Angela Merkel. La pregunta de si ahora era Mariano Rajoy el mayor defensor de los derechos sociales no les hacía gracia. Tampoco la de cómo iban a arrimar el hombro, ni cuántos millones de ahorro suponía cargarse la vicepresidencia tercera y dos ministerios o fusionar otros cuatro en dos. El tema de si iban a poner firmes a aquellas comunidades autónomas más endeudadas tampoco lo consideraron interesante.

Eso fue antes de que saltara la alerta sobre la imputación de Francisco Camps. A partir de ese momento, la desbandada fue prácticamente general. Rajoy acababa de dar la imagen de firmeza que quería, pero las tijeras que cortaron tres trajes a Camps trasquilaron un paseíllo triunfal en el Congreso. Lo acuciante era frenar que el presidente valenciano se pusiera el mundo por montera y anunciase elecciones anticipadas para hacer que las urnas desempeñen un papel que le tocará a un jurado popular si se sienta en el banquillo. Lo consiguieron pero el valenciano se atrevió a decir que no las descarta todavía.

Luz Sanchis

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