martes, diciembre 6, 2022

La que se va a liar

Estupor. El gesto en todos los ambientes, tanto políticos, como económicos, periodísticos, culturales y sociales, es de estupor. De miedo. Se masca la tragedia. Todos, sin excepción, miran hacia las sedes centrales de los dos grandes sindicatos del país: Comisiones Obreras y UGT.

Uno ha tenido la desgracia, o suerte, según se mire, de estar en el llamado “convento”, junto al secretario general de UGT, Cándido Méndez, cuando Zapatero anunciaba en el Congreso lo que ya todos sabemos. Méndez, al que algunos califican de “cuarto vicepresidente” por su capacidad de influencia en las decisiones que toma ZP, ya “se lo temía”. Tan es así, que ya había avisado a sus más directos colaboradores, entre ellos los responsables de la Federación de Servicios Públicos de UGT: “Preparaos para lo peor”. Y también lo había insinuado a los medios de comunicación en la víspera. 

Pero la cara que se le quedó al líder sindical escuchando a Zapatero hace presagiar lo que se avecina. Su primera reacción no deja lugar a dudas: “La canalización del conflicto social va a ser una realidad a lo largo de las próximas semanas”.

Tanto en Comisiones Obreras como en UGT se viene escuchando, desde hace unos meses, “ruido de sables”. Las bases exigen a las cúpulas actuaciones. Y actuaciones contundentes. Las comparaciones son odiosas, pero en los sindicatos se hacen. Y, mal que le pese al portavoz de los socialistas en el Congreso,  José Antonio Alonso, se habla de “situación semejante a la de Grecia”.

Se dice alto y claro. ¿Hasta cuándo se va a aguantar? Zapatero ha incumplido, una vez más, sus promesas. Dijo que “no recortaría el gasto social” y ha congelado las pensiones. Ha tocado el segmento de la población más desfavorecido. La conflictividad social, en estos casos, está servida. Por menos se han convocado huelgas generales en este país.

Es pronto para evaluar el alcance que pueda tener la respuesta social ante estas medidas. Pero lo que sí parece claro es que va a haber respuesta, y ésta puede ser “contundente y dura”, en palabras de un influyente dirigente metalúrgico de Comisiones.

Así pues, las movilizaciones están servidas. El grado de conflictividad social que se vaya a generar es difícil de predecir en estos momentos. Pero sí se apunta una clave: la situación es extrema. Como siempre, se ha vuelto a tocar la fibra más sensible de esta sociedad, las clases sociales mas desfavorecidas. Y eso es muy difícil de asumir por parte de los sindicatos de una manera pasiva, sin respuesta. Va en ello la propia supervivencia de unas organizaciones que no han dado la talla en los momentos en que tenían que haberla dado.

Fernández Toxo relacionó, en su día, una agresión a las capas sociales más desfavorecidas con la posibilidad de convocar una huelga general. ¿Qué pensará ahora el líder sindical? ¿Se habrá producido esa tan temida agresión a su juicio?

Me temo que sí. Me temo que a las cúpulas sindicales, presionadas por sus bases, no les queda más remedio que echar a la gente a la calle. Y ésa es otra. ¿Qué va a pasar con el diálogo social? ¿Qué va a pasar con la reforma laboral? Ésa es la segunda parte de algo que ya se puede calificar de “desencuentro del Gobierno con los sindicatos”. Se acabó la “luna de miel”.

Ernesto Carratalá

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