martes, diciembre 6, 2022

Atentos al consumo

No hay todavía datos contrastados y por lo tanto puede ser tan prematuro como arriesgado emitir juicio sobre el comportamiento de los consumidores en este período, entre festivo y vacacional. La evolución de las ventas navideñas en el comercio, de un lado, y la contratación en el sector turístico-hostelero, de otro, serán bastante determinantes para pulsar el impacto real de la crisis en los comportamientos y ánimo de la sociedad. Incidirá también en la tasa de crecimiento del cuarto trimestre y, en consecuencia, la resultante anual. Pero, como es lógico, habrá que esperar al final de campaña para conocer la verdad.

De momento, los juicios no van más allá de las sensaciones. Abundan en las tertulias toda suerte de avances: afluencia a las zonas comerciales, densidad de tráfico en las carreteras, ocupación de trenes, aviones, hoteles, restaurantes y demás, etcétera. Los hay que aseguran haber percibido caídas apreciables respecto de años anteriores. Otros, sostienen que la mayoría está discurriendo más o menos igual. Y no faltan los que, abonados al pesimismo imperante, manifiestan sin vacilación que está dominando una muy apreciable retracción en todos los órdenes; es decir, que la gente ha optado por no gastar. Es difícil, en todo caso, valorar la pertinencia de una u otra apreciación.

Pasando de las impresiones personales a los datos, es palpable que las distintas ramas del comercio, unas más que otras, se han lanzado a la proliferación de ofertas poco frecuentes en este período. Lo que inevitablemente sugiere que las ventas no marchaban o cuando menos no se perfilaban como en años precedentes, a menos que la estrategia adoptada responda simplemente a una especie de prevención, presumiendo que dominaba en el ambiente menor propensión al gasto de la habitual en estas fechas.

En el fondo, lo que subyace es la duda de hasta qué punto existe conciencia debida de que la crisis va a ser –ya está siendo- profunda y a lo peor bastante más dilatada de lo que persiste en asegurar el discurso oficial.

Atrás han quedado las seguridades de que iba a afectar menos a la economía española que al resto, los diagnósticos de aterrizaje suave y los pronósticos de una corta duración. Ahora mismo, la tesis es que lo peor ya ha llegado, se extenderá a lo largo de la primera parte de 2009 y en vísperas del 2010 empezará a remontar. Puede que sea cierto, puede que no, pero adolece de una flagrante falta de credibilidad. No tanto, aunque también, por los precedentes atesorados, cuanto porque no se acompaña de ninguna terapia curativa: se siguen tomando medidas para paliar los efectos, pero ninguna para atajar la enfermedad; que, por cierto, no es una, sino varias a la vez.

Enrique Badía

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