domingo, noviembre 27, 2022

Más empleo, más salario… y dos huevos duros

Semanas atrás el actual secretario general de CCOO, José María Fidalgo, decía en público: «Hay que reconocerlo, somos más pobres; habrá que trabajar más». Detrás de ese comentario había realismo pero no hubo más música, no se produjo la pregunta: ¿Y cómo sigue la cosa?

El presidente del Gobierno, que junto con el jefe de la oposición, ha pasado y paseado por el Congreso de Comisiones Obreras está en otro discurso. Zapatero no va a reclamar sacrificio ante la crisis, ni falta que hace, él es un posmoderno, un optimista irredento que cree posible sumar y sumar, sin incurrir en riesgo alguno. Promete que aumentará el empleo y aumentará los salarios, especialmente el salario mínimo y las rentas bajas. Y promete también que subirá las prestaciones de desempleo, y que aumentará y no tocará la hucha de las pensiones. Este tipo es un fenómeno, promete y promete y parece seguro de que hay para todos y para todo.

Promete el mismo día en el que numerosos eurodiputados, una mayoría emocionada de su gesto/gesta, de todas las tendencias políticas, han tumbado el acuerdo de los ministros de Trabajo de la UE que pretendía flexibilizar el cómputo de la jornada semanal de determinados colectivos con jornada continuada de guardia, por ejemplo en servicio hospitalarios o de transporte.

El acuerdo de los ministros era de sentido común: limitar la eficacia de la regla de 48 horas semanales máximas de trabajo y extender el cómputo hasta 65 en algunos servicios determinados y reglados, de tal manera que el cómputo trimestral no supere los límites. La pretensión ha sido calificada con todos los epítetos imaginables, sin explicaciones previas y complementarias, sin razonar de qué se estaba hablando. Y los eurodiputados han respondido al clamor rechazando esa medida. «Se abrazaban al concluir la votación», comentan los cronistas, como si la votación constituyese una gesta.

El discurso populista y demagógico se va instalando en el debate político, especialmente de los líderes a los que correspondería una función pedagógica, un discurso trasversal y homogéneo para todos los grupos. En este asunto socialistas y populares van de la mano, con una sola voz y voto; de flexibilidad la justa, de trabajo el menos posible, y los salarios que sean los mayores imaginables. Se nota que de su bolsillo no va a salir un duro para hacer un contrato o pagar un salario.

Estos mismos políticos que insisten en que ésta es la crisis económica más importante y profunda de la historia reciente, de un par de generaciones, no aciertan a proponer otra receta que no sea repartir, garantizar, amortiguar. Pero de más trabajo ni pío.

Fernando González Urbaneja

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