domingo, diciembre 4, 2022

Salud y huevos

La importancia de la salud de los políticos ha vuelto a ponerse de relieve con el malestar sufrido por Hillary Clinton en Nueva York en una ceremonia en memoria de las victimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Indisposición provocada por una neumonía médicamente aparcada y públicamente escondida. 

A la edad de Clinton, 69 años, una enfermedad mal curada puede tener secuelas importantes, incluso definitivas. Este episodio tiene, pues, repercusiones electoralmente negativas para la candidata demócrata a la Casa Blanca. Hay que sumar la hasta ahora falta de transparencia sobre su salud, así como en lo referente a otras cuestiones que afectan a su vida personal y pública. Tras este percance, Clinton ha empezado a enmendarse (¡a la fuerza ahorcan!) y la opinión pública sabe ahora mismo más de su salud y de sus datos fiscales que de los de Trump. 

Clinton ha tenido malas experiencias debido a la exposición pública de su vida privada, algo inevitable cuando se está en política. Por las aventuras extramaritales de su marido pagó un alto precio al dar la cara por él y acabar siendo acusada de ambiciosa en lugar de valorar sus esfuerzos por salvar el matrimonio. De ahí que su tendencia fuese la de una transparencia limitada para proteger su vida privada. Ello le ha llevado a cometer errores, como el de utilizar un servidor privado para sus correos electrónicos cuando fue Secretaria de Estado. 

Clinton acaba admitiendo sus errores, pero cuando se repiten surgen dudas sobre su capacidad de tomar las decisiones adecuadas y no olvidemos que al Presidente de los EEUU le sigue día y noche un maletín con los códigos para apretar el botón nuclear. Clinton debe ahora mostrarse a la opinión pública sin tapujos lo que, además, le puede hacer «más humana» ante un electorado que en buena medida le considera un témpano de hielo distante y, por ello, poco de fiar.

Ahora, se arrastra en los sondeos con un margen escaso por encima de Trump, un candidato disparatado. Sin embargo, el New York Times publica cada día un termómetro, que no sondeo, que expone «las probabilidades de ganar» de cada candidato. Hace unas semanas daba a Clinton ganadora con 82% frente a Trump con 18%, pero ya se ha movido pasando hace poco a 73% y 27% respectivamente. Bien es verdad que en junio la situación era peor para Clinton: un 58% para ella y un 42% para Trump. Otro termómetro semejante, Nate Silver, es más severo: daba a Clinton recientemente un 61,1% de probabilidades y a Trump un 38,9 %. En agosto las cifras eran respectivamente 86,5% y 12,5%.

Son estimaciones que, como los sondeos, barajan muchas variables pero que tienen en cuenta también algo esencial en la elección presidencial estadounidense: el Presidente no es elegido directamente por el voto popular sino por un Colegio Electoral formado por 538 miembros elegidos en cada Estado el día de la elección. Puede darse el caso de que un candidato sea elegido por el Colegio Electoral no siendo el ganador en voto popular.

Los electores provenientes de los Estados más poblados son más numerosos y entre estos, California, Nueva York o Illinois suelen votar al candidato demócrata. Actualmente Clinton está teóricamente bastante más cerca que su rival de obtener los 270 votos electorales necesarios para ser elegida Presidenta de los EEUU. Tiene margen, pero si sigue cometiendo errores, la loca locomotora de Trump podría quizás adelantarle antes de la elección presidencial en noviembre.  

En España, la que es mala es la salud política. En Andalucía vuelven los EREs con el Fiscal pidiendo las penas para el juicio en 2017, aunque los supuestos responsables políticos están ya en sus casas. Rita Barbera es otra gota más sobre la cabeza de un Rajoy que, como siempre, se quita de en medio y se olvida del pacto regeneracionista que acordó en agosto con Rivera, algo edificante. La Guardia Civil considera, parece ser, al Partido Popular valenciano como presunta organización criminal. Todo esto, Soria y Bárcenas incluidos, así como otros casos, en el turno de Rajoy como responsable máximo del PP desde 2004. No es el caso de Sánchez, Secretario General desde 2014, que ha mostrado más firmeza frente a la corrupción en su partido.

Ahora resulta, además, que todos los que no quieren regalarle gratis a Rajoy la Presidencia del Gobierno son, según dijo el sábado pasado en un mitin en Bilbao, obstruccionistas, antipatrióticos y bastante poco democráticos. ¡Menuda perla (falsa)! Iba a por Sánchez, pero afecta a todos. Peligroso lenguaje. Suena a caudillismo rancio. ¿Porque hemos de padecer esta soberbia? ¡Manda huevos! decía un correligionario suyo. ¿Que ofrece Rajoy para que le dejen seguir gobernando? Nada, porque prefiere terceras elecciones. 

Carlos Miranda

Embajador de España

Carlos Miranda

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