domingo, diciembre 4, 2022

Bárcenas, true history de la corrupción

Quienes lo conocían o le conocen le han llamado siempre «Luis el cabrón». Ahí queda eso. Está pasado de vueltas como demuestra «la peineta» a los periodistas a su regreso del viaje a Canadá. O con las amenazas vertidas al abogado José María Benítez de Lugo cuando le dijo: «Socialista, me vas a encontrar». Estas anécdotas demuestran que el grado de chulería del actual inquilino de Soto del Real es lo suficientemente importante como para que una temporada en la cárcel le recuerde que es mortal y vulnerable. Es una pena que el cine español, que tantas cualidades tiene, no atine en la narración cinematográfica de true historys. Las películas que tratan de narrar hechos ciertos y notorios no terminan de lograr el clima, el atrezzo y la representación de los verdaderos protagonistas en la vida real.

¿Quién podría interpretar a Bárcenas una vez que José Bódalo ya no está entre nosotros? ¿Quién a José María Aznar, a Francisco Álvarez Cascos o a Mariano Rajoy? Los actores siempre parecerían caricaturas de estos personajes reales.

¿Cómo elaborar en un guión el reparto de sobres por la sede de Ferraz, de la calle Génova? La entrega de dinero de los empresarios a Bárcenas para conseguir contratos en las instituciones gobernadas por el PP. Esta suerte de realismo mágico es difícil para que las productoras españolas lo cuajen en el cine. Una vez más, la realidad supera la ficción y hace que ésta no parezca creíble.

¿Cómo elaborar en un guión el reparto de sobres por la sede de Ferraz, de la calle Génova?

La mejor película de esta historia tiene que ser necesariamente el sumario. Y debe contener los elementos necesarios para explicar como un gerente de partido puede acumular cincuenta millones de euros en unas cuentas suizas.

La seguridad y la prepotencia de la que ha hecho Bárcenas garantizan que estaba convencido de que el Gobierno le sacaría las castañas del fuego «por la cuenta que le traía». Los episodios de su despido y del pago de la «indemnización en diferido» de su puesto de trabajo en el PP garantizan, también, que le han tratado con guante blanco y que han intentado pactar su silencio. Ahora ya no tienen nada que ofrecerle.

Todo chantaje tiene un último cartucho que es revelar el objeto de esa coacción. Y ese disparo no se realiza hasta el momento en que quien lo ejerce entiende que el coaccionado ya no le va a dar lo que pretende.

Luis Bárcenas hablará porque ya ha perdido todo lo que podía, excepto si se convence que un pacto con la fiscalía, denunciando a sus compinches, le puede dar alguna ventaja. Y aunque esto ya no fuera posible, dado el temperamento de «Luis el cabrón», lo lógico es que se dé un banquete llevándose por delante a los encubridores, colaboradores, cómplices y cuates que han permitido la acumulación de tantos millones en Suiza.

La cárcel ablanda al preso; mucho más si éste no está acostumbrado a que le controlen los movimientos. Soto del Real debe ser un extraordinario lugar para rebobinar la vida de quien se convierte en huésped de esta institución. Para mí que Luis Bárcenas, «Luis el cabrón», no debe estar de buen humor en su refugio carcelario.

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Carlos Carnicero

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