viernes, abril 26, 2024
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Guerra reparte sillones

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Como si fueran asientos de la Academia de la Lengua pero en este caso de la Academia de la Gramática Parda. Nos situamos en los tiempos en los que existía el Señor X, se escuchaba a los Hombres G, Roldán iba de benemérito y Garzón quiso cobrar del PSOE en B, según Alfonso Guerra que ha escrito un libro de recuerdos en el que aflora lo mejor de sí. Guerra reparte esos asientos y a cada uno le pone el suyo, quizá olvida el despacho de «mi hermano» que le costó un disgusto y una dimisión. Ese era el sillón J, de Juan.

Garzón quiere reflotar virginal de las aguas, pero aparece Guerra y le recuerda que quería cobrar del PSOE por la puerta de atrás

Alfonso Guerra es un tipo inteligente y brillante, atestiguado queda con su animada oratoria que es marca registrada. De hecho nadie ha sobrevivido tanto tiempo en política como él sin acabar chamuscado, la condición de superviviente a varios naufragios le otorgan la categoría de tipo cabal y muy hábil. Otros fracasaron, se equivocaron de proyecto, o salieron por la tangente como aquella famosa «beautiful people» que le ninguneó y terminó siendo devorada por segundos matrimonios y azucarando el socialismo en cómodos consejos de administración. En cambio el guerrismo aguantó vivo entre rescoldos cuando ya no quedaban llamas. Y toda esa experiencia de años acumulada en manos de Alfonso Guerra da para mucho, de entrada para un libro de recuerdos que también sirve de carta de ajuste. Garzón quiere reflotar virginal de las aguas y entonces aparece Guerra, (al que Garzón apartó del cariño de González), y recuerda que quería cobrar del PSOE por la puerta de atrás, ¡de cañerías le van a hablar a Alfonso Guerra que ha sido un experto en desagües!.

Los sillones que reparte Guerra son de la generación previa a Ikea, por lo tanto se hacían a medida y de ahí que cada uno reclamara el suyo para descansar mejor sus lumbares. Ahora la mamandurria se esparce de manera mas descarada porque todo el monte está lleno de sobres que dejan los enanitos por la mañana y luego se los encuentran inocentes pastorcillos que los abandonan en el torno de los partidos políticos, (con mas tendencia en el PP), para que nuestros representantes hagan de buena fe lo que estimen conveniente con ellos. Por cierto que algunos de esos enanitos al cruzar el arco de seguridad de la Audiencia Nacional pierden la memoria de manera sorprendente.

Nunca veremos a Garzón sentado junto a Guerra, les separa mas que una letra o un sillón. Les distancia toda una vida en la que Garzón fue ganando brillo de estrella pero Guerra se trabajó una memoria de tortuga centenaria, una de aquellas que conoció a Darwin o a Marx, (para el caso es lo mismo), y si tira de archivo le puede complicar la vida a Garzón, y mucho.

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Rafael Martínez Simancas

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