viernes, diciembre 2, 2022

«Vamos a continuar quemando las calles»

El presidente de la Federación Valenciana de Estudiantes y consejero escolar del Estado y de la Comunidad Valenciana, Alberto Ordóñez, ha asegurado que las movilizaciones en Valencia contra los recortes en educación continuarán hasta que «nos hagan caso». Y hasta entonces, «vamos a continuar quemando las calles de Valencia», ha terminado diciendo.

Estas y algunas frases más no indican otra cosa que una intransigencia inusitada y una falta de cualquier tipo de convivencia democrática que asusta. Pero no son casuales.

Y es que en España, de un tiempo a esta parte, lo que se lleva es que unos cuantos puedan conculcar la ley impunemente, hacerse dueños de la calle porque les da la gana, insultar a quien no esté de acuerdo con ello y atacar a la Policía, que tiene que aguantar estoicamente lo que les venga encima porque en cuanto intenta restablecer las normas mínimas de convivencia se le acusa de franquista. Y pobre de ella si detiene a alguien para defenderse.

Aquí, cualquiera se pasa el principio de autoridad por el forro de las entretelas y los demás tienen que aguantar. Y ojito con que protesten los ciudadanos normales, porque cualquier tipo de queja será considerada como un acto fascista. Aquí, el concepto libertad es según y cómo les interesa a unos cuantos. Aquí, todo vale. Aquí, el respeto hacia los demás es una de esas asignaturas pendientes del zapaterismo que se iban dejando de un año para otro. Aquí, las normas de convivencias son cosas del pasado. Aquí, hay gente que se cree con el derecho a cortar una calle y que a nadie se le ocurra decir algo porque es un reaccionario. Aquí cualquiera puede acampar varios meses en la vía pública y que nadie se atreva a decirle lo más mínimo porque, como se lo diga, será considerado un fascista.

Poco importa que los españoles hayan votado en unas elecciones libres y democráticas, hace dos meses, a un Gobierno con un programa político concreto. Porque en cuanto empieza a aplicarlo hay que ir contra él. Y usando técnicas poco recomendadas por la convivencia.

A veces pienso que son los viejos tic de la izquierda, siempre tan dispuesta a ser la que concede el carné de demócrata a los ciudadanos. Aunque, a veces, resulte curioso observar cómo esa misma izquierda sale a tomar la calle en cuanto pierde poder en las urnas.

De hecho, ya está ocurriendo. En Valencia, incluso, se autodenominan #PrimaveraValenciana. Qué ironía. Como si la calle Blasco Ibáñez de la capital de El Turia fuese la plaza de Tahrir de El Cairo. Una locura.

Pinocchio

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