domingo, febrero 5, 2023

Bono o la sonrisa tramposa

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El fin de la legislatura nos trae dos excelentes noticias convertidas en sendas despedidas: la de Zapatero y la de Bono. De ZP ya está casi todo dicho. De Pepe Bono no tanto porque es él mismo quien se preocupa de que sigan hablando de él. Ateniéndonos a un dicho tan manchego como el propio expresidente del Congreso, podría decirse que tiene vocación eterna por ser el muerto en el entierro y el niño en el bautizo. No se conforma con nada que no sea tenerse a sí mismo como protagonista. Salvo que reaparezca en La Noria o en una de esas entrevistas empalagosas de Esther Esteban en El Mundo, su intervención en Los Desayunos de TVE podría ser una de sus últimas intervenciones mediáticas por algún tiempo, si es que antes no quiere limpiar la imagen que ha dado de sí mismo en el programa que presenta Ana Pastor.

Si, como se dice, la periodista manchega tiene los días contados en Televisión Española –lo que de confirmarse sería una tremenda injusticia-, la entrevista del lunes puede entenderse como una despedida a lo grande.

Todo lo contrario de lo que le ha ocurrido a José Bono.

El “ex” de casi todo, se ha comportado como un político inexperto –ya le vale-, inoportuno, desubicado y nervioso. Él, acostumbrado a corregirle con su escudero “Chunda”  las entrevistas que le hacía la citada Esteban se ha derrumbado cuando enfrente ha tenido una profesional de verdad que le ha puesto contra las cuerdas.

Cediendo un ápice para quienes no estén de acuerdo con esta reflexión, reconoceré que Ana Pastor ha podido estar algo “agresiva”. Pero es que los políticos españoles y, especialmente, Bono, no están acostumbrados a periodistas de verdad que no se limitan a recitar un cuestionario y a esperar las respuestas preparadas del entrevistado. A Bono le ha sacado de sus casillas encontrarse de frente a alguien que le ponía contra las cuerdas, y esa circunstancia le sacado a relucir su estulticia y estupidez al tiempo que le ha descubierto como un ser impetuoso, extemporáneamente ácido, maleducado y, sobre todo, le ha mostrado como realmente es.

Es verdad que cuando le decía a Ana Pastor que se parecía a la “señorita Ronttenmeier” lo hacía con una sonrisa.

Cierto, pero en la sonrisa estaba la trampa.

Y Bono sabe mucho de eso tanto por las que le hicieron como por las que hace.

Con una sonrisa, por supuesto.

Quebrantahuesos

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