domingo, febrero 5, 2023

¡Se acabó!

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¡Se acabó¡ Si, ya se ha acabado oficialmente la legislatura y no sé ustedes pero a mí me produce alivio porque me estaba resultando  interminable.

En realidad, la legislatura terminó el día en que Zapatero tuvo que reconocer que nos sacudía la crisis y se presentó por sorpresa en el Congreso con unas medidas que iban en dirección contraria a todo lo que había dicho y prometido. Ese día, el presidente tendría que haber tenido el gesto gallardo de disolver las Cámaras y convocar a los ciudadanos, y en caso de que se hubiera vuelto a presentar haberlo hecho diciendo la verdad, la verdad de la crisis y sobre todo haber presentado un programa electoral dedicado a intentar paliar los efectos del tsunami que ya teníamos encima. Pero no lo hizo y desde entonces ha tenido a nuestro país en estado cuasi agónico, puestos a hacer las cosas mal incluso anunció con cuatro meses de adelanto la fecha de las elecciones de manera que desde entonces estamos en campaña electoral.

En cuanto al futuro, todos nos permitimos pensar que no puede ser peor que el pasado, de manera que, gane quien gane en las urnas, esperamos que tenga más consistencia y capacidad de la demostrada por el todavía presidente de Gobierno. Y, sobre todo, lo que los ciudadanos esperamos es un presidente y un Gobierno que no nos someta a vaivenes. Con Zapatero ha sido como montarse en un coche sin frenos y con un conductor que no terminaba de saber qué camino tomar.

En cualquier caso, y dada la situación, lo que sí deberíamos de exigir a quienes aspiran a gobernarnos es que nos digan la verdad, que no vendan sueños de humo. Y la verdad de que nos expliquen cuánto más debemos de apretarnos el cinturón, si van a subir los impuestos, si va a haber más reducciones de salarios, si va a haber recortes en el Estado del bienestar. Es decir que nos digan cuánto y qué debemos de sacrificar. Lo que no es admisible es que a los ciudadanos nos traten como niños a los que hay que edulcorar la realidad. ¡Ah! y por favor que no nos prometan lo imposible, porque si para salir adelante hacen falta sudor y lagrimas, es mejor que nos avisen desde ya.

En cualquier caso poner punto final a esta legislatura y acudir el 20-N a las urnas es abrir una puerta a la esperanza. España necesita un cambio, un gobierno distinto, unos preferirán que gobierne  Rubalcaba otros que lo haga Rajoy, pero todos querremos lo mismo, que el gobierno que salga de las urnas esté formado por gente solvente y capaz.

Saben, pienso que en medio de la tormenta el solo hecho de saber que nos esperan las urnas es ya de por sí una buena oportunidad porque los ciudadanos volvemos a tener en nuestras manos nuestro futuro.

Sí, se acabó la pesadilla de una legislatura que se hizo añicos a los pocos días de comenzar, simplemente porque no estaba basada en la verdad, y la verdad no era otra que la crisis. Algún día habría que preguntar al exministro Solbes, que fue quien en las últimas elecciones le ganó la última batalla electoral a Zapatero gracias a su enfrentamiento televisado con Manuel Pizarro. Solbes negó rotundamente la crisis, Pizarro avisaba de lo que se nos venía encima, pero nos convenció Solbes. Y yo me pregunto qué pensará ahora el ex ministro y sobre todo por qué negó la realidad. Pero esa es otra historia, la de hoy es que a la legislatura le han puesto punto final. ¡Menos mal!

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Julia Navarro

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