viernes, diciembre 9, 2022

Trenes vacíos

La burbuja inmobiliaria, el culto al cemento, la pasión por las grúas sustituyó poco a poco a las ideologías. Por eso hay quien cree que un tramo de AVE genera más votos que cien discursos en una plaza de toros abarrotada de afines que aplaudan cuándo toca. Y ese culto al cemento, al hierro y a los trenes que vuelan, ha provocado ridículos tales como abrir una línea de AVE en diciembre y tener que cerrarla el 1 de julio por falta de viajeros.

Sólo desde la intoxicación emocional de los meses preelectorales se entiende que el Gobierno autorizara una línea a todas luces absurda con tal de apoyar a su candidato del momento, a José María Barreda. Sólo desde ese punto de vista se puede comprender que Barreda aceptara el tramo Toledo-Cuenca-Albacete como si fuera una de las urgencias de Castilla-La Mancha en materia de transporte por encima de cualquier otra. Y sólo desde un vértigo por la alta velocidad se asume que la oposición, en este caso ejercida por la actual presidenta Dolores de Cospedal, no alertara del ridículo que se iba a producir. Es verdad que cuando baja la marea es cuando se ve quien se baña desnudo, como dice el multimillonario estadounidense Warren Buffet, y que esta crisis nos está dejando una colección de despelotados que doblan a los extras que figuran en «El Jardín de las Delicias» de El Bosco. Y que ninguno de ellos (ninguno sin excepción), levantaron una voz para decir que el AVE de Barreda/Blanco era tan inútil como regalar unos zapatos de tacón a una sirena, un hermoso gesto sin duda pero de una estupidez supina y marina.

Luego se preguntarán por qué se indignan los «indignados». Este culto por las obras faraónicas es el punto que tienen en común derecha con izquierda, aunque quizá sea demasiado generoso calificar en bandos ideológicos a quienes tienen en común negocios y proyectos. Gallardón, Barreda, Fabra, Griñán, etc… todos ellos comparten amor hacia el ladrillo, pasión por los aeropuertos vacíos y delirio por los trenes desocupados. Lo siguiente será construir pistas de aterrizaje por si vienen los marcianos y un duty-free para que puedan comprar productos «tipical spanish»: el torito y la flamenca.

En su defensa dirán que la culpa la tienen los ciudadanos que no saben apreciar sus grandes obras. El bochorno de una línea de AVE que duró seis meses les debería llevar a la reflexión pero mucho me temo que les llevará a plantear nuevos retos. Y así, mientras ellos se divierten en el carajal de la construcción de su nueva Torre de Babel, el ciudadano paga a Hacienda como el que contribuye a sufragar una ONG, la de políticos sin barreras… (ni pasos a nivel), ni vergüenza.

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Rafael Martínez Simancas

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