sábado, diciembre 10, 2022

Legalizar lo ilegalizable

Pongamos que yo gobernara. Que yo fuese el gobernante de cualquier país, y que tuviese en un momento dado estos dos objetivos para mi acción de gobierno: mantenerme en el poder hasta las próximas elecciones, y ganar éstas.

Y pongamos que, en ese mismo momento dado, tenga un problema: existe en aquel país un grupo terrorista muy significado que desea verse legalizado. Para ganar las próximas elecciones, deberé convencer al electorado de que quiero borrar a tal grupo de la vida pública. Pero, para mantenerme en el poder hasta entonces, tendré que contar -ya que no poseo mayoría absoluta- con los votos de unos pocos diputados que son amigos del grupo terrorista y no me apoyarán si no lo legalizo.

En la hipotética situación en la que me he situado al imaginarme gobernante de algún país, me será necesario resolver estos dos problemas, en sí contradictorios. Para lo cual, poniéndome a pensar, se me ocurre esta idea:

1.- Indicarle a un representante destacado de la Fiscalía que presente un informe muy convincente y bien documentado pidiendo la ilegalización. Con ello daré a la opinión pública la evidente sensación de que mi proyecto es acabar con el terrorismo, hacerles justicia a sus víctimas, evitar que los terroristas dirijan ayuntamientos o vivan de las arcas del Estado…, en suma, de que acabar con el terrorismo resulta prioritario en mi plan de gobierno.

2.- Pero me quedaría la segunda parte: no puedo perder el apoyo del grupo parlamentario antedicho. A tal efecto, lo mejor es que el tema pase a manos de la Justicia.

3.- Ya sé que no controlo al primer Tribunal al que le corresponde ver la causa; mejor que mejor. No habrá sentencia legalizadora, los diputados pro-terroristas se enfadarán, yo diré cuánto lo siento pero la justicia es la justicia y el terrorismo no puede legalizarse. Éxito popular evidente, balón de oxígeno para las elecciones.

4.- Pero no podría quedarme ahí. Si lo hiciera, los parlamentarios de marras me dejarían en la calle; hay que recuperar su voto. Todo previsto. Dado que al Tribunal más superior sí que lo controlo, estaríamos de acuerdo desde el principio en que cambiará el sentido de la sentencia. Y lo hace. Y legaliza. Y hasta me puedo permitir el lujo, de cara a los electores, de decir o hacer que se diga que hay que ver qué cosas hace ese Tribunal. A la gente inocente se la engaña fácil.

5.- Y a la no inocente, a los diputados cuyo voto me resulta necesario para sobrevivir, ya se sabe: ¿veis como no teníais nada que temer? Ya os había yo dicho que tranquilos.

6.- Resultados: ¿Los electores me seguirán votando? Es posible.

                        ¿Aquellos diputados me seguirán apoyando? Es probable.

                        ¿El terrorismo quedará legalizado? Es seguro.

¿Qué más se me podía pedir?

Alberto de la Hera

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