lunes, diciembre 5, 2022

Twitter y políticos

Twitter cumple 5 años de vida. Me considero un recién llegado a esta red, un aspirante a twittero, alguien que aún hoy intenta descubrir el valor verdadero de esta nueva forma de comunicación. Quiero aprovechar la ocasión para aportar en estas líneas unas cuantas reflexiones sobre el uso que los políticos hacen de Twitter, la relación de la política con redes de este tipo, la utilidad pública y periodística. Aunque, insisto, recién llegado al mundo Twitter, mi corte experiencia me permite tener ya algunas ideas más o menos formadas. En mi opinión, bajo la perspectiva de un periodista dedicado a la información regional y local, hay 5 grandes características que se repiten invariablemente en aquellos políticos con o sin poder que utilizan Twitter como un medio más de comunicación.
El relato. Sin duda, desde el punto de vista periodístico, incluso ciudadano, se trata de la característica más útil. En plena precampaña, los equipos de comunicación de los partidos, de los candidatos, utilizan cuentas corporativas para informar, relatar aquellos actos en los que participa su “patrocinado”. En el caso de Madrid, abundan los usuarios de este tipo que sirven, a quien así lo desea, para saber de la actividad, la opinión en momentos puntuales, ante asuntos concretos. Completa, por tanto, nuestras posibilidades de obtener información.
La propaganda. Es uno de los usos más habituales entre los políticos que a título personal deciden incorporarse a Twitter. De discutida utilidad, este tipo de comunicación política a través de esta red provoca demasiado “ruido”. Se convierte en un contenido tan previsible como prescindible.
La intoxicación. La capacidad de multiplicación del mensaje que tienen redes como la que me ocupa es una tentación para quienes necesitan contaminar el discurso, retorcer la realidad, dar visos de verosimilitud al mensaje por muy falso que sea. Tal vez por ese motivo buena parte de los perfiles falsos se dan en el ámbito de la política. Cuentas  que suplantan identidades y que sólo sirven para erosionar la imagen del suplantado. Y, en el peor de los casos, políticos que sin ocultar su identidad utilizan Twitter con pocos escrúpulos.
El ajuste de cuentas. Es ésta una característica muy peculiar. Twitter se convirtió, en ciertos procesos, en la plaza pública, en la tasca, en el bar de la esquina donde los miembros de diferentes bandos de un mismo partido aireaban sus cuentas pendientes. Campo abonado para la refriega entre ganadores y perdedores. Lugar en el que con la seguridad, la valentía que concede la distancia imaginaria y real que aporta internet, se podría asistir al cruce de mamporros dialécticos de poco gusto y menor interés.
La opacidad. En contra de lo que se suele apuntar en muchas de las reflexiones hechas en torno al fenómeno Twitter, esta red, su uso, no contribuye en absoluto a la transparencia de políticos e instituciones. En muchos casos resulta imposible saber si quien realmente alimenta un perfil es la persona que se supone debe estar detrás. Leemos mensajes pero ignoramos quiénes son sus verdaderos autores. En no pocos casos, es imposible atribuir autoría a lo escrito, es aconsejable, pues, ser prudente en el uso periodístico que se dé a este contenido. Más aún, Twitter permite al político, a la institución agazaparse tras el silencio para evitar dar respuestas que no tienen o que, simplemente, prefieren callar.

Pedro Blanco

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