domingo, diciembre 4, 2022

Gestos y políticas

Si Zapatero se encontraba en Bruselas o empleado en diversos compromisos como presidente de turno de la UE, lo que le impidió asistir en Salamanca al VI Congreso Mundial de las Víctimas del Terrorismo, según explicó el presidente de la Fundación Ideas, del PSOE, Jesús Caldera, ello no impedía que recibiera después a una representación de los protagonistas del Congreso en la Moncloa, como lo hizo horas después de la celebración de los Premios Goya con los galardonados del cine español. Hubiera sido algo más que un gesto, en un presidente que no ha acudido a ninguna de las ediciones anteriores del Congreso de Víctimas, aunque en una de ellas excusó su presencia felicitando a los organizadores.

Fue en el Congreso de Madrid, en el 2008, cuando justificó su ausencia mediante una carta, que en aquel momento fue comprendida por los responsables. Decía el presidente que su participación entonces podría no ser bien acogida entre los asistentes, cuando aún pesaba en el colectivo de víctimas el malestar por el proceso de negociación con ETA en el 2006 (y roto en diciembre ese mismo año, con el atentado terrorista en la T-4). Pero los antecedentes de aquella explicación no habían sido mejores. En el primer Congreso, celebrado en el 2004, todavía era el líder de la oposición. Después, en el de Valencia, de 2006, tampoco asistió.

En esta ocasión no respondió a la invitación. Según fuentes de la organización, ésta fue cursada en mayo del 2009 y reiterada en los meses de septiembre y noviembre a su jefe de Gabinete, para que el presidente clausurara en Salamanca el VI Congreso Mundial de Víctimas. Su presencia hubiera supuesto algo más que un gesto para todas las víctimas y, como líder del PSOE, un alivio para muchas que llevan sus siglas. En el cónclave, además de una nutrida representación de víctimas de ETA, hubo presencia de víctimas de los atentados de Atocha, de los GRAPO y de otros grupos terroristas, en España, junto a otras de EEUU, de Irlanda, Gran Bretaña, Colombia, Argentina, Francia, Rusia, Italia, Argelia, Ruanda, Israel y El Congo. En Salamanca fue bien recibido Aznar, y probablemente también lo hubiera sido Zapatero, o Rubalcaba, o la vicepresidenta primera. El Gobierno envió al titular de Justicia.

Los gestos brillan por su escenificación, por su ausencia, o en contraste con otros. La imagen del presidente en Moncloa, a pocas horas de la celebración de los Premios Goya al cine español con algunos de los premiados, refuerza su ausencia en Salamanca. Pero, además, alguien no estuvo a la altura en la redacción del discurso del presidente ante los galardonados del cine, al reclamar para ellos «Memoria, Dignidad y Justicia», el lema que con tanto afán reclaman las Víctimas del Terrorismo. No pudo ser más inoportuno.

Palabras que en la misma jornada, a tan sólo 400 kilómetros, resonaban de distinto modo en el Ayuntamiento de Lasarte (Guipúzcoa), donde su alcaldesa homenajeó a los ocho asesinados y tres heridos vinculados de alguna manera al municipio. Lasarte está en el Mapa de la Memoria, una iniciativa con la que el Gobierno vasco pretende identificar mediante placas o monumentos los puntos de Euskadi donde se cometieron los atentados. Una diferente sensibilidad.

Chelo Aparicio

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