viernes, diciembre 9, 2022

Vuelve el caos a la tercermundista comisaría de la policía de Retiro

Los más de 150 agentes municipales que conforman la unidad del distrito de Retiro no aguantan más las condiciones en que desarrollan su trabajo. El barracón prefabricado de más de diez años de antigüedad se cae, literalmente, a pedazos. Las lluvias torrenciales del pasado 12 de octubre han hecho estragos en unas instalaciones obsoletas. Los policías que trabajan en la sala han estado más de tres días sin poder encender las lámparas e iluminados sólo por el brillo de las pantallas de sus ordenadores y teléfonos móviles. Además, también se han derrumbado nuevos extractos del techo, han clausurado una de las dos duchas que estaban operativas y varios fluorescentes están encharcados por el temporal.

Ni la visita de Javier Barbero, concejal de Seguridad en el Ayuntamiento, ni la de Nacho Murgui Parra, concejal presidente de Retiro, han conseguido cambiar nada. Promesas y más promesas que no se han traducido en hechos. El pasado mes de abril, Estrella Digital destapó el deplorable estado en el que se encontraba la unidad policial del distrito. Días más tarde, les prometieron que iban a arreglar todos los desperfectos y roturas denunciados en el artículo. Pero este compromiso sólo duró una semana, el tiempo que tardó Barbero en personarse en las instalaciones.

“El concejal fue a comprobar el estado de la unidad y transmitió su firme intención de reubicarlos en otro espacio con mejores condiciones y acondicionado para desarrollar las funciones propias de la Policía Municipal”, afirma Julián Leal, portavoz del CPPM (Colectivo de Policías Municipales).

Pero la promesa escondía una trampa. Los arreglos demandados no se iban a realizar porque eran demasiado costosos para una unidad que iban a desmantelar en un plazo máximo de dos años. Tiempo que decían necesitar para encontrar un terreno, edificar y adecuarlo. El problema es que ya han pasado casi seis meses desde la visita de Barbero y aún no han comenzado las obras del nuevo recinto y lo que es peor, todavía no han encontrado ni siquiera un territorio donde ubicarlo.

Durante este tiempo de espera el barracón prefabricado donde habita la unidad de Retiro no ha dejado de  empeorar. A las goteras, techos caídos y fluorescentes con agua en su interior, se han unido una ducha clausurada, charcos de orina provocados por fugas en los urinarios y la pérdida de la luz durante más de tres días.

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Estado de la única ducha operativa en la unidad. 

“Los compañeros han tenido que trabajar en la más absoluta penumbra durante mucho tiempo. También se han tenido que cambiar a oscuras porque en los vestuarios tampoco había luz. Las lluvias sufridas durante estas semanas han podido ser el causante de los cortes”, explica Leal.

Charcos de orina

Pero los problemas también afectan a temas de salubridad. La fuga en los urinarios de los servicios masculinos ha hecho que se formen algunos charcos de orina. De hecho, antes de descubrir este escape los agentes de la unidad llegaron a pensar que alguno de ellos hacía sus necesidades fuera de la letrina. El olor del excusado era horrible.

Además, los policías de Retiro también han sufrido hace pocos días la clausura de una de las dos duchas que quedaban operativas. Cierre que recomendó el propio Murgui durante una de sus visitas a la unidad. En un principio, había un total de tres, pero desde hace meses sólo ‘funcionaban’ dos. Funcionaban entre comillas porque en realidad las mamparas están rotas y el desagüe no funcionaba bien por lo que se formaban charcos en un plato de ducha que no supera los 70 centímetros por 70 centímetros. “Hay un compañero que asegura haber contraído un papiloma por las pésimas condiciones de higiene de la ducha. Da igual que utilicen chanclas porque el vaso se encharca”, afirma Leal.

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Ducha

La ducha clausurada y fragmentos del techo en el suelo.

Por si no fuera poco, las instalaciones cuentan con un calentador de capacidad muy reducida y complica en demasía la higiene personal de los agentes. “En invierno, los dos primeros se duchan con agua caliente, el tercero con agua tibia y todos los vienen detrás han de conformarse con tener agua fría”, explica Leal. Hay que tener en cuenta que la unidad suelen trabajar cerca de 35 agentes por turno, por lo tanto hay muchos de ellos que tienen que ducharse en su domicilio sí quiere disfrutar de agua caliente.

“Nosotros trabajamos en la calle, trabajamos con bomberos, nos metemos en incendios e incluso con cundas que van a las Barranquillas y vuelves con muchas cargas biológicas. Tras intervenciones como estas es muy importante la higiene personal, sobre todo en el caso de las cargas biológicas”, denuncia Leal.

Ante la inminente llegada del invierno, los policías reclaman la necesidad de que todos los desperfectos de la unidad sean subsanados porque temen que un fragmento de techo les caiga encima de la cabeza, cuando empiecen a arreciar temporales de lluvia y viento. Además, su deficiente aislamiento deja pasar el frío y los trabajadores han de poner la calefacción a pleno rendimiento. En definitiva, los agentes necesitan sentirse seguros dentro de un barracón prefabricado, que además no estaba destinado para uso policial, antes de ser reubicados como así se lo prometió Barbero durante una de sus visitas.

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