jueves, diciembre 1, 2022

La noria catalana

Los días posteriores a las elecciones catalanas nos han deparado, como siempre, un sinfín de declaraciones y análisis de esos comicios electorales autonómicos. Los comicios han dejado la gran incógnita de quién será el presidente del nuevo Gobierno de Cataluña, ya que si es verdad que los independentistas ganaron en escaños, el no haber conseguido la mayoría en votos ha creado una merma en esas filas nacionalistas que está llevando a los secesionistas a una mezcla entre ataques de nervios y ataques de pánico.

Digo esto porque no sabemos a estas alturas si en estos momentos les interesa más a los independentistas tener una hoja de ruta hacia la ruptura con España, una hoja de ruta para formar un Gobierno de la República de Cataluña, una hoja de ruta para nombrar un Presidente catalán con apoyo unánime de todos los de la estelada o una hoja de ruta para poder aclararse de lo que quieren entre ellos.

Pero de lo que sí son conscientes esos independentistas catalanes, aunque no lo quieran reconocer, es que desde el primer segundo de su pulso al Estado español no tenían a la ley de su parte y desde las elecciones ya no tienen ni a la mayoría de la gente con ellos. Desgraciadamente como no hay más ciego que el que no quiere ver, siguen esos rupturistas catalanes de Juntos por el Sí, erre que erre con su mantra particular de continuar su viaje de golpe de estado a la nación española que se realiza de espaldas a la mayoría del pueblo catalán, del que tanto hablan y que a las primeras de cambio les dan la espalda no reconociendo que la mayoría de los votos de ese pueblo han dicho que no quieren romper nada con España ni con Europa.

Pero el colmo de los colmos para los nacionalistas independentistas catalanes ha llegado desde sus propias filas y no desde la «perversa España ladrona y colonizadora», ya que han sido los más independentistas, los más antisistema, los más radicales, es decir, los de la CUP, quienes han frenado en seco la hoja de ruta del proceso independentista recordando a sus colegas de otras formaciones de la estelada que las elecciones catalanas han sido un desastre para sus intenciones, que de ganar nada de nada y que no se puede formar un Estado catalán sin tener el apoyo de los votos de la mayoría de ese pueblo.

Ni los dirigentes catalanes de Ciudadanos, el PSC, o el Partido Popular lo hubiesen descrito o dicho mejor, ya que los radicales de la CUP les han hecho el trabajo a todos estos partidos políticos quienes miran asombrados y perplejos como se clavan los aguijones del escorpión las diferentes familias independentistas devorándose entre ellos mientras que los no independentistas se han puesto ya en marcha para preparar las Elecciones Generales del 20 de diciembre, sólo hay que recordar cómo fue muy clarificador ver como en las diferentes comparecencias la noche electoral de Cataluña de todos los líderes políticos nacionales, se dio el pistoletazo de salida a la campaña de esas elecciones generales. Sus comentarios y reflexiones finales en sus comparecencias esa noche estaban más centrados en los comicios generales de finales de año, pensando incluso que la madeja catalana será con esos comicios con la que empiece a deshacerse.

Pero si fue realmente asombrosa y acertada la reacción de los radicales de la CUP en su primer análisis postelectoral, el paso siguiente que han dado de proponer una presidencia rotatoria catalana es la mejor manera de demostrar el desconcierto del mundo nacionalista catalán en estos momentos. El camarote de los hermanos Marx estaría a la altura de esta propuesta, donde podrían jugarse a los dados quien empieza a ser el presidente por unos meses antes de dejar el turno a otro colega de los dirigentes de la estelada, o incluso tal vez sería mejor hacer una presidencia participativa y asamblearia, tan de moda últimamente, donde todos los catalanes que lo deseen se apuntasen y en un sorteo con notario independentista, por supuesto, sacaran del bombo el numerito que proclame entre todos los participantes, con «seny» por supuesto, al nuevo Presidente de la República Catalana.

La cuestión es si reír o llorar.

Carlos Iturgaiz

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