martes, diciembre 6, 2022

La presión nacionalista

Como en un mal presagio, la gobernabilidad de Cataluña se le escapa de las manos a CiU. El último en intervenir, Oriol Junqueras, ha puesto de manifiesto la debilidad estructural del proyecto político instalado en la Generalidad. Desde fuera, es decir, desde la distancia necesaria para condicionar y no sufrir las consecuencias de las decisiones condicionadas, ERC se ha apresurado a reivindicar fecha y pregunta para que los ciudadanos se expresen mediante el formulismo del ‘derecho a decidir’.

Oriol Junqueras ha puesto de manifiesto la debilidad estructural del proyecto político instalado en la Generalidad

La inestabilidad es un hecho, y lo es, precisamente, como consecuencia de esta vía de escape a las dificultades de gobierno con que se enfrentaba Mas. Ante la situación crítica de la institución de autogobierno catalana, los dirigentes de CiU decidieron establecer el máximo en su relación dialéctica con Madrid: estamos mal, es un hecho; y si estamos mal es por el sistema de financiación, que también es un hecho; y el sistema de financiación es una injusticia porque Cataluña tiene una identidad nacional que no encaja con una Constitución que la limita a la hora de decidir… su financiación.

Con esa clave se inició el proceso soberanista, y con ese inicio se culminó el desastre de CiU, electoral primero y de gobierno después, a cuyo apuntalamiento por ERC asistimos por episodios. Desde entonces, es bien conocido por todos, no se ha resuelto la situación económica de la Generalidad y además, ahora, se navega sin rumbo fijo: los compromisos con Esquerra obligan a la demagogia de disimular el coste de los recortes, pero sin dejar de hacerlos, culpando, eso sí, al gobierno central de ellos.

La situación además de desproporcionada se acerca ahora a la ridiculez. Los socialistas, hasta hace bien poco una fuerza decisiva que sentaba bases de entendimiento y equilibrio, se han difuminado en una confusa desorientación estratégica que los coloca al vaivén de las circunstancias, por más que pretendan hacer pasar sus actos por decisiones meditadas. Es más, el PSC se limita, para tener plano en la actualidad, a atacar al PSOE porque eso le facilita mayor visibilidad que insistir en Cataluña en racionalizar un debate imposible; se deja llevar por la peor de las mareas políticas: la de la indolencia y el oportunismo tacticista.

El gobierno, enrocado por sus problemas con la corrupción, parece ausente del verdadero problema que se guisa a fuego lento en Cataluña. Y debería actuar.

Editorial Estrella

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