sábado, noviembre 26, 2022

El etarra morirá en su casa

Leo en ESTRELLA DIGITAL que Prisiones concede el tercer grado al etarra Uribetxebarría. Se lo conceden, seguramente, porque al salir de la carcel seguirá siendo reo de una enfermedad de la que, según los médicos, no hay indulto ni redención.

Se irá por delante sin poder glorificar una muerte que, a la postre, es común y, si me apuran, bastante vulgar. No hay heroismo patriotico tras el deceso por un cáncer. No hay, siquiera, mérito ni sacrificio. Le puede ocurrir a cualquiera. Asi que del presunto Uribetxebarría, confeso criminal, sólo se podrán glosar sus crímenes por la espalda y el secuestro del funcionario Ortega Lara.

No habrá más homenaje que el de la sangre derramada, porque el sujeto perecerá como los demás, sin un final épico, mitificador. Su huelga de hambre – ya ven que cosas- podrá cesar y con su fin, terminará el protagonismo del terrorista: se irá al hoyo, eso es seguro, entre quejidos y dolores, pero no entre himnos y solidaridades, porque un tipo que mantiene encerrado a un ser vivo en un boquete y al que le arroja alimentos cada dos o tres días, no puede tener amigos: ¿Quién se fiaría de alguien capaz de eso?

Incluso en la banda de mangantes y asesinos habrá algunas categorías y asi como la moral se podría medir en numeros positivos entre los ciudadanos, entre los etarras la inmoralidad se cuantificaría con números negativos y el camarada de sus camaradas presuntos o confesos, estaría en cifras contundentes.

Se va a morir a su casa, nos dicen. Y es un alivio. No le cogerán los recortes sanitarios, porque su habitación será la de casa, allí agonizará y desde allí se irá para siempre y sin el perdón de Dios, que para eso hay que tener humildad y hacer acto de contricción.

El no la tiene y no lo ha hecho y como sus amigos, no cree deber hacerlo. Cosas de la guerra, dirá. Y tan ancho. Sus amigos y él habían hecho huelga de hambre, que graciosos. Tenían alimentos escondidos en las celdas, que principios y que valientes.

Las huelgas de hambre son gestos audaces si se es consecuente.
Estos no sólo no lo son sino que además ejercen de lo contrario: son falsos y mezquinos. Bobby Sands era del IRA, y en los ochenta inició una huelga de hambre en la cárcel como acto de desobediencia frente a una decisiòn «arbitraria» – la obligatoriedad del uniforme- y el gesto de firmeza le costò la vida a él y a otros de los suyos.

Los etarras suelen creer que Irlanda del Norte es un espejo del País Vasco, forma parte de su alucinación mística, salvo en la diferencia de coraje: aquellos ponían su vida por la causa y estos esconden magdalenas debajo del colchón.

Pero en cualquier caso, dejarán la huelga de hambre y podrán volver a comer tortellini sobre la memoria de sus víctimas. Otegui comerá ossobucco, que para eso es jefe. Y el Uribetxbarría comerá intravenoso, porque se le pudre el cuerpo por dentro de teber que soportar el alma que lo habita, y le asistirá a la memoria su épica de cuidador de animales, cuando arrojaba berzas al zulo de Ortega Lara, que en su desdicha tenía más dignidad que el criminal.

Se irá. Aunque lo haga desde su casa: sentenciado, condenado y pronto, ejecutado. Y él no irá al Jardín del Edén; vagará por la eternidad condenado a recordar a cada instante el sufrimiento que provocò a los demás. Con eso me conformo; mientras, que le den.

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