domingo, diciembre 4, 2022

Seamos Europa al fin

Hoy propongo nuevas medidas, para que nadie piense que quienes pensamos distinto del discurso oficial nos abstenemos de proponer y apoyar positivamente una salida común a la crisis. Propongo más Europa, en eso coincidimos todos. Pero yo propongo que para que haya más Europa nos quitemos el vendaje de los ojos: que Merkel presida Europa, que sea nuestra cancillera. Dejémonos de paños calientes, si Europa es, lo es porque Merkel tiene una locomotora engrasada y dispuesta para el empuje. Supongo. O al menos, para el empuje alemán y si Merkel es la cancillera de Europa, Europa será Alemania tanto como Alemania es Europa. Así que la reunificación de Kohl que no se quede en los territorios de las difuntas RFA y RDA, sino que incluya los sudetes, Chequia y Eslovaquia, Francia entera y Grecia, España, Portugal…qué les voy a decir: los veintisiete. Sin contar al Reino Unido que es Europa pero desde el otro lado del canal, del mismo modo que en realidad todos somos Estados Unidos pero al otro lado del atlántico.

No sabemos gobernarnos, es un hecho. Cuando tenemos, gastamos. Y más de lo que tenemos. No somos consecuentes con la idea racional de administrar correctamente porque nos distraemos en gastos suntuarios y en servicios públicos prescindibles. Los recortes no son una tragedia, la tragedia es haber tardado en entender que debemos recortar. Y en eso Alemania nos gana: porque trabajan más y son rectos y ordenados y sólo beben Jägermeister los fines de semana y no se atizan de chupitos manzana en la larga y tediosa sobremesa antes de ir a dormir la siesta al despacho.

Si Alemania fuera por fin Europa resolveriamos conflictos perennes: Francia por fin dejaría de aspirar a ser Europa y podría disfrutar de la Grandeur sin complejos, colocada en su sitio bajo el palio germano. Al fin y al cabo, Sarkozy quisiera ser Merkel y como el orden de los factores no afecta al producto, según las viejas lecciones escolares, Merkel será Sarkozy, y aquí paz y después gloria.

Dejemos los devaneos nacionalistas, suprimamos las identidades nacionales ¡al fin! Y posterguemos el dichoso euro que nos enemista con los británicos aupando a la cima al viejo marco. Seamos Alemania sin necesidad de emigrar a Alemania, seamos por fin la costa del sol de Alemania, la Mallorca alemana y comamos Frankfurt sin recurrir al término soez de perritos calientes. Seamos lo que estamos condenados a ser, olvidemos el yogurt griego que tanto nos anuncian y tomemos por fin la dieta germánica que nos elevará a perfiles que ni Leni Riefenstahl soñó dibujar en los dichosos años del pangermanismo que la vieja civilización trastocó con la absurda parodia democrática.

Seamos Alemania, y a otra cosa mariposa. Total eso es más Europa, al fin y al cabo. Y qué más da.

Rafael García Rico

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