sábado, diciembre 10, 2022

Ronaldo y Messi

Con permiso de mi amigo Celemín, que habitualmente nos deleita con sus comentarios deportivos, frecuentemente de fútbol, voy a dedicar los renglones de mi reflexión al clásico que se jugó en el Bernabeu el sábado pasado. Allí estuve. Sentado, como cada semana, viendo, disfrutando del fútbol que en esta ocasión era ese partido en la cumbre que para los aficionados, como yo, suponía un aliciente que mantuvo la expectación durante todo el día, que se convirtió en una larga espera hasta la hora del comienzo.

Una jornada especial para un amante del fútbol, como quien les escribe estas líneas, que desprecié más de mil Euros que me ofrecieron por mi abono. Lo rechacé porque suponía quedarme en casa frente al televisor. De eso nada. Este deporte se ve y se vive en el campo. Un tema interesante, este de las ofertas por los abonos de temporada, que algún día habrá que tratar con cierto detenimiento.

Pero no es este el motivo de mi intromisión en el mundo deportivo. La idea es criticar esa costumbre que se ha instalado en los ambientes futbolísticos de comparar constantemente a Ronaldo con Messi. Me parece desacertado. Desde mi perspectiva y mi conocimiento, no tiene sentido. La aportación que hace cada uno de ellos al conjunto al que representa es dispar y su influencia en los buenos resultados dista bastante de uno a otro. Son jugadores destinados a cambiar el rumbo de los acontecimientos, como lo hicieron antes Maradona, Zidane, Romario, el otro Ronaldo… pero ambos contribuyen de manera diferente.

Messi es uno de los pilares del Barcelona de Guardiola. Sin él el equipo padecería una merma trascendental en el desarrollo del juego. El argentino está en el origen, en el desarrollo o en el final de casi todas las jugadas. Leo es imprescindible para el conjunto. No está pendiente del gol, exclusivamente. Sus errores son escasos y sus aciertos se cuentan en goles, en pases definitivos o en jugadas geniales. El otro día no marcó pero participó. Fue protagonista en el pase del primer gol del Barça, movió el centro del campo y mantuvo a toda la defensa blanca pendiente de sus movimientos.

Cuando recibía y controlaba el balón se generaba tensión en el terreno de juego y entre el público. Messi es temido por los aficionados.

No es el caso de Ronaldo. Los seguidores culés no se inquietan cuando el portugués inicia una jugada. El Madrid no depende de Cristiano para casi nada. Si él no jugase otro ocuparía su lugar sin grandes diferencias, por más que nos quieran decir lo contrario. Quizá se le marcarían menos goles a los equipos pequeños, pero habría más firmeza y juego de conjunto contra los grandes. No vamos a culpar a un jugador de la derrota del pasado sábado, sería injusto, pero todos recordamos los errores de un hombre al que se le supone una categoría que no demostró contra el Barça.

Ronaldo no participa en el juego de conjunto del Real Madrid como lo hace Messi en el Barcelona. Mantiene un actitud de cara al gol tan estresante que le lleva a disparar desde cualquier posición y distancia desperdiciando multitud de jugadas de ataque. El individualismo convierte situaciones que podrían ser de peligro, en pérdidas de balón.

No son comparables. Messi es un auténtico crack del fútbol mundial, un número uno, mientras Ronaldo no refleja eso en la labor de conjunto, en su importancia dentro del equipo. Si la parroquia madridista tuviera que elegir un jugador de entre todos los de la plantilla, ¿escogería a Ronaldo?. Seguro que antes que él estarían Casillas, Xabi, Ramos, Marcelo, Pepe…

Esa es la cuestión. No se trata del gol que podría haber puesto al Madrid en 2-0, sino de tantos y tantos balones perdidos por el portugués en su juego absurdo e individual. Quizá ha llegado el momento de que alguien se lo diga. De cualquier forma compararle con Messi es casi un pecado.

Estrella Digital respeta y promueve la libertad de prensa y de expresión. Las opiniones de los columnistas son libres y propias y no tienen que ser necesariamente compartidas por la línea editorial del periódico.Estrella Digital respeta y promueve la libertad de prensa y de expresión. Las opiniones de los columnistas son libres y propias y no tienen que ser necesariamente compartidas por la línea editorial del periódico.

Pedro Fernández

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