lunes, diciembre 5, 2022

¿Demócratas por Romney?

A lo mejor es hora de que los Demócratas se lo pongan fácil al candidato conservador Mitt Romney.

Los cálculos usuales llevarán a la conclusión contraria. En las campañas políticas siempre se espera que la formación rival elija candidato al más
radical de sus posibles, renunciando así al centro del electorado. Y en este sentido, la candidatura de Rick Perry supone un regalo del tamaño de Texas al Presidente Obama.

El gobernador de Texas es el sueño de un periodista político de investigación, una imposible mezcla de secesiones y traiciones y timos piramidales y quimeras monstruosas. Su duelo por la candidatura con Mitt Romney promete ser la clase de escándalo que el Partido Republicano no ha visto en muchos años, manteniendo a la oposición enfrentada por campañas de vacunación obligatorias y leyes de inmigración en lugar de atacar a Obama
por su gestión de la economía.

¿Pero qué pasa si las normas usuales dejan de tener validez en 2012? Ahora mismo, más de siete de cada 10 estadounidenses dicen que el país va en la dirección errónea. ¿Y si las cosas no mejoran — o si empeoran — llegado noviembre de 2012? En ese caso, los votantes pueden estar muy dispuestos a optar por cualquier alternativa — hasta la de un texano que presume de abatir a un coyote al salir a correr y que insinúa que la seguridad social es inconstitucional. En un escenario así, lo único que se interpone en el camino a un Presidente Perry es Willard Mitt Romney.

Hasta la fecha, los Demócratas y los grupos de interés de mentalidad similar han estado dispuestos a apostar a que Obama puede derrotar a Perry más fácilmente que a Romney — y que por tanto tienen menos que temer de Perry que de Romney. «Recé porque Perry entrara en campaña», decía el mes pasado a Reuters un antiguo ayudante de la Casa Blanca involucrado en la reelección de Obama.

En lugar de ir a por Perry por sus declaraciones acerca de ese timo piramidal conocido como la seguridad social, el Comité Nacional Demócrata viene tratando de exponer el argumento de que Perry y Romney son lo mismo en la materia. El Comité montaba una rueda de prensa la semana pasada para anunciar que Romney es «igual de peligroso» que Perry.

El colectivo de izquierdas Estadounidenses Unidos por el Cambio difundió un informe que dice que «Romney = Perry = mismos objetivos temerarios para la seguridad social». ¿En serio está convencido el colectivo de que el Presidente Romney sería igual de nocivo para la seguridad social que el
Presidente Perry? «Absolutamente», me dice el responsable de comunicación del grupo, Jeremy Funk.

Sea o no cierto, hay buenas razones para que los Demócratas intenten hacer que Romney parezca tan marciano como Perry. Un sondeo dado a conocer el jueves por Bloomberg News concluye que Obama tendría una cómoda ventaja sobre Perry 49 a 40. Pero su ventaja sobre Romney es de 48 a 43. Eso acompañaba a la encuesta Public Policy Polling que concluye que Obama tiene una ventaja de 11 enteros sobre Perry pero de cuatro enteros sobre Romney. La diferencia clave: entre los independientes, Obama iba por detrás de Romney por dos puntos porcentuales pero ganaba a Perry por 10.

¿Por qué entonces no deberían de estar encantados los Demócratas ante la perspectiva de que Obama compita con Perry? Esta es la razón: desde la
Segunda Guerra Mundial, ningún presidente con una popularidad tan baja como la de Obama (descolgándose ya del 40%) ha salido reelegido. Y aunque es cierto que los sondeos sitúan a Perry en posición más débil contra Obama que a Romney, esto no es una ventaja tan importante. En enero de 1980, un sondeo Harris concluía que el Presidente Jimmy Carter llevaba cuatro puntos porcentuales de ventaja más en las encuestas con respecto a Ronald Reagan que con respecto a George H.W. Bush. Carter iba más de 30 puntos por delante en aquel momento pero, a causa del mal humor de los electores, acabó perdiendo por 10 puntos frente a Reagan.

Es razonable creer que lo mismo podría sucederle a Obama en el probable caso de que las cifras económicas no mejoren mucho. «¿Qué debería de hacer ahora la Casa Blanca?» preguntaba el estratega Demócrata James Carville en un comentario en CNN.com la semana pasada. «Viene a la cabeza una palabra: pánico».

Teniendo en cuenta pues estos crecientes temores a que Obama pierda en 2012 frente a cualquier Republicano con vida, a lo mejor es hora de que los Demócratas dejen de esperar que Perry sea el próximo Barry Goldwater.

Un agente de la formación próximo a estas decisiones me contaba que se han producido «muchas conversaciones» en torno al dilema, defendiendo ciertos grupos sindicales y ecologistas la idea de aliviar el mensaje de la propaganda anti-Romney pensando que será «el menor de los males».

Puede que no haya mucha diferencia en sus políticas declaradas, pero sus temperamentos no podrían ser más dispares. ¿A quién preferirían los
Demócratas al mando del botón nuclear si Obama está sentenciado: al tecnócrata Romney, o a Perry el cazador de coyotes?

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Dana Milbank

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