jueves, diciembre 1, 2022

Salvador Sostres

Desde que existe el periodismo ha habido gente como Salvador Sostres. Unas veces se les ha llamado provocadores. Otras veces, dinamitero. Y, en la mayoría de los casos, demagogos. Gente menor con la que había que lidiar por imposición de los directores para animar el cotarro, decían. Y lo peor era que los profesionales tenían que soportarlos, como podían soportar los reyes a los bufones en la corte, para que entretuviesen a los lectores, a los oyentes o a los televidentes con sus baladronadas, exageraciones e, incluso, insultos. Hasta que, claro, se pasaban cinco pueblos y se ‘quemaban’.

Ahora, como hace unos meses y como hace años, Sostres se ha vuelto a pasar esos cinco pueblos. En ese bufonear suyo por toda España, que empezó en Barcelona, insultando al idioma castellano, y que está siendo un insulto permanente para todos en Madrid, parece que, esta vez, se ha prendido fuego de verdad.

Me avergüenza que directores como Pedro J. Ramírez le contrate en su periódico para que haga de bad boy. Y me avergüenza mucho más que cobre de Telemadrid gracias a mis impuestos.

En el caso que nos ocupa, la estupidez  de Sostres ha sido hacer presunta apología de la violencia de género en un artículo de El Mundo, al comentar el asesinato de una chica embarazada por su novio. Y eso son palabras mayores. De hecho, el artículo fue retirado del diario y Pedro J. ha pedido perdón por su publicación. En su twitter, claro. Algo que empieza a ser costumbre para el director de El Mundo.

Me dicen que al cantamañanas éste, esta vez, no le va a salir gratis su salida de tono porque la fiscalía va a estudiar si hay delito en ella. A ver si hay suerte y se ‘quema’ de una vez en su propia hoguera.
Que ya vale de personajes que tienen la gracia en el culo como las avispas.

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