domingo, noviembre 27, 2022

El espejismo de las tarifas eléctricas

Cuando parecía que era imposible algún acuerdo entre el Gobierno y el PP aparece el primero. Y el segundo. Unos, para los otros, son unos inútiles que sólo reaccionan cuando les obligan y otros, para los unos, son unos insolidarios que no aportan ni apoyan nada. Pero, en dos días, llegan a un acuerdo -menos- sobre gastos electorales y a un pacto para negociar la vital cuestión de la energía, comenzando por la paralización de la subida de las tarifas eléctricas prevista para el próximo mes.

Recientemente, el presidente del Gobierno defendió y argumentó la necesidad de incrementar la factura de electricidad y, ahora, se pliega a no llevarla a cabo por el momento ya que el ministro de Industria no se ha atrevido a negar que sea una de las conclusiones a las que se llegue tras la negociación entre los partidos. Seguramente, el Gobierno ha padecido un arrebato de miedo escénico: después del decreto de reducción de gasto, después de la reforma laboral, después del documento presentado para la reforma de las pensiones, justo cuando va a comenzar la subida del IVA, decidir en solitario, contra casi todos en el Congreso, el incremento de las tarifas de electricidad. Si algunas medidas vienen forzadas por las circunstancias, es decir, la realidad se opone al programa, otras veces, como esta, se renuncia a la realidad explicada recientemente para no darse de bruces -exageradamente- con el programa.

Al mismo tiempo, el PP, que es un partido enemigo de la diarrea subvencionadora y partidario de que se pague por las cosas lo que realmente valen, vende la idea, bondadosa, de que ha conseguido, vía inicio de la negociación sobre energía, que nos suban la factura. Es decir, que el precio no tienda a ser lo que realmente cuesta la electricidad.

Todo parece, ahora, bonito, pero es un espejismo porque España no puede mantener por mucho tiempo un déficit tarifario que se agranda cada año y que, vía gasto público, pagan todos los ciudadanos, maravillados por lo que el espejismo les muestra, vía impuestos y déficit público. Con intereses, además.

Hay muchas cosas que negociar, sin duda. La distribución, la revisión del mix energético previsto para el 2020, la eficiencia del sistema, las nucleares, las renovables -con sus subvenciones y las presiones norteamericanas-, la liberalización, las exigencias que ayer mismo planteó la Comisión Europea para avanzar hacia un mercado único energético y la consolidación de los derechos de los usuarios, la competencia, el ahorro y la lucha contra la dependencia exterior. No está mal que se hable de las tarifas cuando se tenga claro el modelo, que uno esperaba que ya se tenía, pero siempre que se huya de ese tradicional tono demagógico. O de creerse el espejismo, como si fuese gratis.

Germán Yanke

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