miércoles 23.10.2019

Bocazas

Suelen ser personajes incómodos, incapaces de entender el significado de la palabra discreción. Los bocazas cuentan lo que se saben y sobre todo lo que no saben, les encanta cultivar su ego.

Estos últimos días dos de ellos se han manifestado con todo su bagaje: Miguel Ángel Revilla -experto en convertirse en presidente sin haber ganado unas elecciones, aunque saca pecho como si siempre hubiera arrasado  en Cantabria- y el presidente de la Comisión Europea, el luxemburgués Jean Claude Juncker, a quien el presidente del Eurogrupo el holandés Dijsselbloem, ya dedicó en tiempo descalificaciones personales relevantes. Pero no incluyó entre ellas las de lenguaraz.

Lo de Revilla no tiene pase. No guardar el obligado secreto del contenido de su conversación con el Rey es imperdonable, y más aún convertirse en intérprete de los sentimientos de Don Felipe respecto a la delicadísima situación catalana y el peligroso camino que ha emprendido Artur Mas. En cuanto a lo de Juncker, hay un elemento que aún choca más que el de ver a todo un dirigente europeo hacer el papel de “acusica”, y es que cuesta creer que Rajoy haya expresado en la cumbre europea sus reticencias a la quita griega porque estaba muy condicionado por las elecciones generales.

Cuesta creerlo porque es difícil pensar que Rajoy se exprese en esos términos, aunque cosa distinta es que pensara que esa quita no le venía bien. Pero decirlo abiertamente… Alguien que estuvo con  el presidente en Bruselas asegura que jamás dijo nada parecido, pero también le costaba creer las declaraciones de Juncker. Guindos coincide con lo que comentaba el colaborador del presidente, pero todo ese tipo de declaraciones a través de intermediarios, no como las de Revilla, enturbian siempre las negociaciones, las relaciones y las posibles soluciones.

El poder en el Ayuntamiento de Madrid no lo ostenta Carmena,  sino que es Maestre la que marca el paso

Turbio, turbio es el panorama navarro. La defensa que hace Uxue Barkos, la nueva presidenta, de su consejera de Presidencia, Justicia e Interior, es irritante. No ha sido militante de Bildu, pero sí colaboradora entusiasta de esa formación que ha apoyado a ETA hasta el último minuto, y no solo políticamente. La prueba es que si Barkos ha nombrado consejera a María José Beaumont es porque lo ha pedido-exigido  HB Bildu, uno de los muchos partidos que ha permitido  su elección.

Beaumont ha advertido, tratando quizá de presentar  su cara más amable, que no piensa pedir  el repliegue de la Policía y la Guardia Civil en Navarra. Se le olvidó decir que no puede hacerlo: Navarra no tiene las competencia de Interior, como Cataluña y País Vasco, lo que significa que mientras mossos y ertzainas  están coordinados con  Guardia Civil y Policía nacional –y a veces esa coordinación incluso funciona bien-  en Navarra tanto la GC como la PN actúa al margen de los forales. Y desde luego a la consejera de Interior no tiene absolutamente nada que decir, indicar, sugerir ni exigir sobre su trabajo y las operaciones que realicen en suelo navarro.

A muchos se les va la fuerza por la boca y a otros les convendría no adelantar acontecimientos. El triunfalismo de los mensajes de Antonio Miguel Carmona, adjudicándose que la alcaldesa Carmena había modificado la página de Versión Original duró menos que un merengue en la puerta de un colegio. Llegó Rita Maestre y se acabó lo que pensaba Carmona que había conseguido. Es un secreto a voces que el poder en el Ayuntamiento de Madrid no lo ostenta Manuela Carmena,  sino que es Maestre la que marca el paso. Además es la portavoz y por tanto da la versión que a Podemos le interesa dar. 

Le preguntaron en la rueda de prensa tras la reunión del equipo municipal quien mandaba en el Ayuntamiento, y sin que se le moviera un músculo de la cara respondió Maestre que Manuela Carmena, por supuesto. Pues aunque lo diga con voz firme y marcial no es cierto y lo sabe absolutamente todo el mundo, tanto los que forman parte de Ahora Madrid-Podemos como los que no.

Que lo desmientan en la paginita de la polémica, para que nos riamos un rato.

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