sábado, diciembre 3, 2022

Las tortas más gays triunfan en TV

«Él, a mí no me gusta, pero a falta de pan, buenas son tortas». sí señores, así de 'fino' es como resumió Sema el tocarle el paquete  Julián Contreras Jr., con disimulo pero con nocturnidad y alevosía. Las 'tortas' más gays que una conozca (no sé si realmente existen tampoco las heterosexuales), parece que se están poniendo de moda en televisión, o más concretamente en cualquiera de las versiones del formato de Gran Hermano.

Después de ver cómo Aritz y Han llegaban tan lejos en la 'normal' (si es que ese término se le puede poner a este reality), parece que ahora el amigo de Chabelita (no es un calificativo sino un resumen muy exacto de todo su currículum) y Julián Contreras Jr. (alias el hijo de Carmina Ordóñez) quieren seguir sus pasos, dando uno rienda suelta a sus más íntimos deseos y dejándose el otro hacer, como si fuera lo más normal del mundo.

Eso sí, que alguien como Sema (¿pero realmente se ha mirado el angelito alguna vez en el espejo?) hable mal del aspecto físico de alguien como Julián, al que sin ser un adonis no hay ni un pero que reprocharle comparándole con él, es como para que éste hubiera ido y le hubiera dicho un par de cosas, y no tan finas, al mozito sobón.

En vez de eso, lo de siempre, mientras el primero le confesaba a Belén Roca que «no quería hacerle nada, pero es que se me ha ido el pinzote. No quiero hacer nada para que él se sienta mal, ¿me entiendes?«, y después largaba en el confesionario lo de las 'tortas', el segundo le quitaba hierro al asunto, y hasta restaba mérito a sus piropeados atributos.

Y es que el concursante que entró con una falta de tutú a esta edición de Gran Hermano Vip (es por si todavía hay alguien que no le distingue bien), comentó sobre el momento del incidente que tuvo su mano con la entrepierna del hermano de dos toreros famosos (sigo con las aclaraciones) que «estaba tocando algo muy duro«, algo que su compañero, pareja o follamigo desmintió después. 

¿Recuerdan al chino granadino metiéndole la mano debajo del calzoncillo al bilbaíno del sombrero en la última entrega de Gran hermano, mientras éste se dejaba y luego se ponía serio que a él lo que le gustaban de verdad eran las mujeres? Pues por ahí se empieza y luego ya no se puede dar marcha atrás.

Las parejas gays parece que se están abriendo un hueco en la televisión, como ha demostrado este formato y como ha ratificado la actual temporada de  Casados a primera vista, de Antena 3, que por primera vez ha contado con una de éstas en su historia.

Que una no diga que Julianín lo sea, que no es eso, pero sí que cuando menos el hacerse pasar por ello le da mucho juego al programa, viendo los buenos registros que Aritz y Han le dieron a G. H. y los que parece que puede seguir cosechando con ello la versión VIP.

Ni contarles quiero cómo se dispararían las audiencias si, por ejemplo, Belén Roca se liara con esa Charlotte Caniggia que llega ahora, o si Rosa Benito y Lucía Hoyos hicieran edredoning, por mucho que a todas ellas no les tire nada de momento lo de las dos tetas. Supongo que Telecinco les haría un contrato vitalicio, que pondrían una estatua suya en la entrada a la cadena y que Vasile les regalaría, como mínimo, un palco de honor en el Olímpico de Roma para ver a su Roma.

¿Que eso es imposible? Tetas, digo torres más altas han caído. Sería una nueva revolución televisiva y pondría el listón muy alto a futuros realitys. Los edredones desaparecerían y los espectadores tendrían en sus casas cámaras de visión nocturna para ver cómo retozaban hombres y mujerres, mezclados indistintamente, sin que la censura de la oscuridad de la noche impidiera que la audiencia disfrutara al mismo tiempo con ellos y ellas. Sodoma y Gomorra, pero sin mucha doma y con mucho morra, o mejor dicho, morro.

La mosca

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