miércoles, noviembre 30, 2022

Rajoy, como avalista

El presidente del Gobierno de la Nación, Mariano Rajoy, pidió perdón en nombre del PP por los casos de corrupción asociados a las siglas de su partido. Mejor hubiera sido pedirlo en nombre de un sistema enfermo de inmoralidad. Y eso vale también como reproche a su indolente posición frente a quienes reclaman su comparecencia en un pleno monográfico del Congreso para debatir sobre el asunto.

Es el rango institucional del presidente el que debería ofrecerse como avalista de la regeneración prometida por los partidos centrales del sistema. Tanto el PP como por el PSOE se llenan la boca de palabras que hablan de transparencia, contundencia, regeneración, caiga quien caiga, hasta aquí hemos llegado, etc. Y nadie mejor que el titular del Ejecutivo para garantizar la voluntad política de combatir la corrupción en la vida política. Insisto, en nombre de los dos grandes partidos, cuyas siglas están vinculadas a los mayores escándalos de corrupción de nuestra reciente historia democrática.

De todo lo cual se deduce que un eventual pleno extraordinario de la Cámara sobre la corrupción no debería servir para escenificar por enésima vez una reyerta verbal entre los dos grandes, en su afán por diferenciarse en un asunto en el que, por desgracia, los ciudadanos ya no distinguen. Es el fondo de la cuestión. La gente ya no se molesta en averiguar cual es más corrupto de los dos. Y esa es la razón que les debería obligar a sindicarse en defensa del sistema y en la voluntad de tomarse más en serio el deber de sacar del cesto las manzanas podridas.

Es justo y necesario que el presidente Rajoy dé la cara en el Congreso

De modo que es justo y necesario que el presidente Rajoy dé la cara en el Congreso y pacte con Pedro Sánchez el compromiso de que ese pleno monográfico no fuese un nuevo pretexto para practicar el consabido intercambio de golpes, sino la ocasión de llevar al ánimo de los ciudadanos un verdadero propósito de la enmienda en la lucha contra la corrupción.

No parece que las cosas vayan a transcurrir de ese modo. Entre otras cosas, porque Sánchez insiste en marcar distancias con el PP sobre la base de que el partido de Rajoy sale perdiendo en la comparación. En esas circunstancias ya se ha visto que el PP no está por la labor de darle facilidades al adversario. Y unos por otros, la casa sin barrer. Dos no pactan si uno no quiere. La proximidad de las elecciones es un incentivo para que cada uno de los dos grandes partidos elija su propia y diferenciada terapias contra la corrupción.

Pero los ciudadanos se quedan sin respuestas a tantas preguntas como se hacen para entender cómo se ha llegado a esta situación. El Consejo de Ministros anuncia sus recetas y el PSOE convierte las suyas en proposición el lunes que viene, sin tener en cuenta que en esta materia los ciudadanos ya no distinguen.

¿Reaccionarán al menos cuando el lunes, por la encuesta del CIS, vean como a costa de ambos avanza el partido del cabreo en expectativas de voto?

Antonio Casado

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