lunes, noviembre 28, 2022

Contra la discriminación en los medios

Lucha contra los estereotipos discriminatorios. Nada de las mujeres son así, cosas de maricones, reírse de los gorditos, con negros y gitanos ya se sabe, y toda la sarta de topicazos abundantes aún en los medios de comunicación y que en algunas columnas y tertulias se celebran con admiración cerril por los bravucones. El Gobierno impulsa una ley de igualdad de trato y no discriminación cuyos efectos se notarán en los medios e internet.

El estereotipo es la mayor pereza intelectual. La peor cobardía política. La más esperpéntica expresión del conservadurismo rancio, ese que no quiere que nada cambie y se parapeta en la historia y la tradición para no agitar las neuronas ni la inteligencia, mucho menos la simpatía y la comprensión. En periodismo, es el peor mal. Lo decía hace ya muchos años Walter Lippmann, uno de los grandes columnistas norteamericanos y coinventor del periodismo moderno. Es “un obstáculo para el completo reconocimiento de nuestra común humanidad”, y recordaba su poder como fuerza conservadora al “poner el estereotipo en el centro de la tradición y defender nuestra posición en la sociedad” (Opinión pública, 1922).

El anteproyecto de ley de igualdad de trato sitúa a los medios de comunicación e internet como parte del problema, más allá de lo que se atreven a hacer las directivas comunitarias que la inspiran. A los medios les pide respeto contra la discriminación y aboga por la autorregulación. Los jueces tendrán la facultad de bloquear o retirar contenidos de las páginas de internet discriminadoras.

Los derechos recogidos en el artículo 14 de la Constitución se despliegan contra la discriminación en la información y la opinión por “nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”. Si las primeras circunstancias son pisoteadas a menudo, las últimas dejan abierta una puerta que alarma a algunos.

Tranquilos, la ley no prohíbe hablar ni llamar a las cosas por su nombre. Ni la lengua, ni el pensamiento, ni la libertad de expresión pueden ser limitados. Pero no tolera la humillación.

Defender la opinión es imprescindible para la democracia y la libertad. Opinar y estar en contra, incluso de la ley, es legítimo. En el texto legal y en la mente de los jueces pervive la “cláusula de salvaguardia para aquellas diferencias objetivas, legítimas y adecuadas derivadas de disposición, acto, criterio o práctica”. Tan amplia y garantista que sólo obligará a informar y opinar con veracidad. Con argumentos, no con estereotipos.

Ojalá esta ley sirva para mejorar el periodismo y la opinión. En lugar de ser entendida como una amenaza a la libertad de expresión debe interpretarse como una exigencia de precisión, responsabilidad y respeto. Que nadie calle, el peor estereotipo sería identificar la ley con lo políticamente correcto, otro prejuicio.

Ahora que se cumplen 75 años de la muerte de Valle-Inclán, incapaz de enfrentarse a la era del tópico y la ignorancia que empezaría en 1936, reivindiquemos el esperpento y los espejos del Callejón del Gato para poner a la realidad contra sus tópicos con tono descarnado y estilo valiente. Sin contemplaciones. Pero con argumentos e inteligencia. Contra o con las personas y sus actos, no con la molicie del prejuicio y la generalización. 

Juan Varela

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