lunes, noviembre 28, 2022

ZP: La última ofensiva

Cuando el domingo por la tarde, el presidente del Gobierno llamó a María Teresa Fernández de la Vega no sólo tenía la certeza de que Coalición Canaria, al igual que el PNV, iba a darle apoyo a los Presupuestos. Sabía lo más importante: primero que Fernández de la Vega iba a ser leal hasta en la despedida  y  que Alfredo Pérez Rubalcaba ya había dado el visto bueno a su nombramiento como “hombre fuerte” del Gobierno que habría de venir. Tenía el sí de Rubalcaba y también sus condiciones: no entraría acompañado de cualquiera. Y ha sido más idea de Rubalcaba que de Zapatero recuperar al siempre infrautilizado Ramón Jáuregui. Todos los demás nombramientos son secundarios, pese a que entre ellos esté el que afecta a la importante cartera de Exteriores. Miguel Ángel Moratinos ha sido sacrificado para compensar a Trinidad Jiménez tras su derrota en las primarias de Madrid.

Las caras visibles y representativas del nuevo Ejecutivo, como son Rubalcaba y Jáuregui, se alejan mucho del modelo ZP. Ni son tan jóvenes, ni van a sorprender. Estos dos hombres nos devuelven al felipismo,  al socialismo “de toda la vida” y que tan mal trato ha recibido de la actual generación .Con razón algunos socialistas afirmen que “con ellos vamos a reconocer a un Gobierno socialista de verdad”. El Presidente, una vez más, se ha tenido que llevar la contraria a sí mismo y si en mayo tuvo que modificar su discurso económico, ahora tiene que modificar su estilo e incluso renunciar al icono que para él ha sido Bibiana Aido. Se ha acabado la etapa de los “jovencitos” para dar paso a la experiencia, a los “gladiadores” de la política, porque eso y no otra cosa es el tándem Rubalcaba-Jáuregui.

Rubalcaba será el todopoderoso y Jáuregui esa pieza imprescindible para que al primero le salgan las cosas bien. Jáuregui va a coordinar la acción del Gobierno, pero su gran papel será el lubricar y mantener relaciones con los nacionalistas. De hablar y pactar con el PNV, Jáuregui puede escribir una tesis doctoral. A CiU le conoce menos, pero conoce bien los resortes de los nacionalistas. Con Jáuregui se pretende volver al principio, que no es otra cosa que el “abrazo” con los nacionalistas, incluidos los catalanes. Jáuregui, que sabe que el PSC pierde las elecciones, hará lo posible por el reencuentro con Mas. Para decirlo todo, añadir que Jáuregui fue el enviado de Zapatero para certificar el entierro político de Nicolás Redondo al frente del PSE. La dimensión del papel de Jáuregui lo veremos con más nitidez tras las elecciones municipales y autonómicas.

Con este paso, se cubre el flanco externo y, desde luego, el interno. La situación de Leire Pajín era insostenible. A algunos periodistas nos consta hasta qué punto, y desde hace cuánto tiempo, Pajín estaba amortizada, pero nadie quería ponerle en la calle y le han puesto en el ministerio que deja Trinidad Jiménez. José Blanco tendrá plenos poderes en el PSOE, pero con Marcelino Iglesias sentirá la comodidad que nunca tuvo con Leire Pajín.

La necesidad de la actual crisis se vio con claridad, tanto por parte de Blanco como de Rubalcaba, la noche en que Tomás Gómez ganó las primarias de Madrid. O se daba un golpe en la mesa, o la marea arrastraba a todos. Y el golpe en la mesa se ha dado y este golpe es la penúltima —alguna carta más tendrá guardada Zapatero— ofensiva del Presidente para dar la vuelta a las encuestas, para conjurar el desánimo interno del PSOE y ganar las elecciones. Para esto y no para otra cosa es esta penúltima ofensiva. Se ha decretado que la situación económica y financiera están encauzadas (¿) y que ahora lo que toca es la política.

Lo ocurrido no lo esperaba nadie. El Partido Popular, tampoco. Y  mal, muy mal haría si creyera que esta penúltima ofensiva de  Zapatero es un movimiento menor. Es probable que resulte insuficiente para dar la vuelta a las encuestas, pero no es irrelevante.

Charo Zarzalejos

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