martes, mayo 21, 2024
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Los Testigos de Jehová expulsaron en 2018 al presunto agresor sexual de una menor

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El acusado, Saturnino B., a quien se juzgó el pasado 29 de junio, afronta 3 años de cárcel por haber agredido sexualmente y de forma continuada a la hija de catorce años de su compañero de vivienda, a quien tenía alquilada una habitación, en los años 2017 y 2018.

En su escrito de acusación, el fiscal indica que el imputado, de origen filipino, «ostentaba un importante cargo en la Iglesia de los Testigos de Jehová, cuya religión practicaba la menor y sus padres».

Sin embargo, un portavoz de los Testigos Cristianos de Jehová ha dicho que el acusado no fue nunca un «responsable» de la organización ni un alto cargo de la misma, sino que era simplemente un «siervo ministerial», lo cual no comporta capacidad decisoria alguna en la labor pastoral y de enseñanza.

«Tan solo atendía labores de servicio y apoyo a la congregación y a sus ministros de culto, como limpieza y otras tareas semejantes», explican.

Saturnino B., además, fue expulsado de la congregación en agosto de 2018, poco después de conocerse los hechos que se le imputan, «por comportamiento impropio de un cristiano».

Los Testigos de Jehová precisan asimismo que no es cierto que la familia de la menor agredida practicara la misma fe, pues «ni la víctima ni el padre son ni han sido nunca testigos de Jehová».

Sí lo había sido la madre de la menor, que estaba separada y residía en Suiza, pero hacía tiempo que también había abandonado esta comunidad cristiana.

Por tanto, subrayan los Testigos de Jehová, «la relación que pudieran mantener las partes no era consecuencia del hecho religioso, sino simplemente de una amistad entre ambas familias».

Desde la organización recalcan su rechazo «de forma categórica a aberraciones y pecados tan graves como el abuso de menores» y afirman que «ni la pederastia ni el pederasta pueden tener acomodo en un contexto cristiano».

Por ello, animan a las familias afectadas por este tipo de agresiones a denunciar los hechos ante las autoridades, con independencia de las medidas que se tomen en el seno de la confesión.

En el juicio, la menor víctima de los abusos declaró que Saturnino B. era como un «abuelo» para ella y que la agredió sexualmente en varias ocasiones aprovechando las noches en las que dormía sola en una habitación sin cerrojo.

Por su parte, el acusado negó todos los cargos y aseveró que la menor se inventó las acusaciones inducida por sus padres debido a una deuda económica que mantenían con él y a que no la empadronó en su domicilio. 

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