martes 15.10.2019

Morenés se equivocó

Uno de los abusos más execrables es el abuso de la jerarquía. Cualquier jefe que, por encima de lo razonable, humilla al inferior es un cobarde emboscado que merece el desprecio de todas las personas decentes. Si este abuso se produce en una institución fuertemente jerarquizada, la cobardía alcanza dimensiones deslumbrantes, porque es muy difícil que la denuncia prospere dada la complicidad probable que puede encontrar el cobarde en la cadena de mandos. Y si encima, el abuso de la jerarquía es sobre una mujer, resulta un escándalo al que el Ejército debe ponerse a la tarea de atajar con la misma firmeza con que el ministro rechazó pedir excusas a una víctima que nos dio la impresión de que no le caía simpática. Pero un ministro no se puede guiar por sus incomodidades y sus antipatías personales, y se equivocó en el Parlamento y dejó una estela de machismo que arroja aromas algo nauseabundos.

El Ejército de España es un orgullo de todos los ciudadanos pero, como en todos los colectivos, hay cobardes y miserables. Como en la Política, en la Magistratura, en la Policía o en la Educación. Y lo peor que pueden hacer los responsables es minimizar la acción de estos cobardes, o dar la impresión de ello debido a una torpeza parlamentaria. El ministro para defender al Ejército debería haberse mostrado más humilde y menos arrogante, más esperanzador que ese soberbio encastillamiento, como si el descubrimiento de un mal soldado fuera culpa del que lo ha descubierto.

Zaida demuestra tenerlos bien puestos

La historia de la capitán Zaida Cantera, y su heróica defensa ante la coacción sexual, es digna de una heroína, y demuestra tenerlos bien puestos, como se diría en lenguaje castizo. Desde luego mejor puestos que los militares cagones que ocultaron los desmanes de su superior, y de los que dieron largas al asunto, contribuyendo a que el escándalo alcanzara unas proporciones mucho mayores, que es lo que sucede cuando se quiere ocultar un desatino. Empiezas diciendo que no hay tiburón en la playa, y te vale hasta que empiezan a aparecer bañistas con la pierna destrozada a dentelladas. Morenés podría hacer algo mejor que exhibir seguridad: pedir perdón a una excelente militar. Sería la mejor manera de honrar al Ejército. Nuestro Ejército. No el de Morenés.

Morenés se equivocó
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