domingo 22.09.2019

Diputados al paro

En la mayoría de las encuestas, a los ciudadanos les produce bastante pereza repetir las elecciones, pero en el Congreso de los Diputados y en el Senado ésta opción se convierte en algo desagradable que habría que evitar por todos los medios, y cuando un político dice "por todos los medios", hay que echarse a temblar.

Este entusiasmo por los pactos, que no parece corresponderse con la actitud de los líderes de los grupos parlamentarios, tiene que ver bastante con la estabilidad laboral. Al fin y al cabo, ser diputado es ocupar un puesto de trabajo temporal, pero temporal por cuatro años, que, a estas alturas de la reforma laboral, casi parece un contrato indefinido. Si se repiten las elecciones, hay muchos que no tienen seguro si les volverán a renovar el contrato, y eso produce una sensación de inestabilidad.

En tiempos donde la escasez de puestos de trabajo y el aumento del paro constituyen una de las mayores preocupaciones, alargar esa sombra del desasosiego sobre los padres de la patria parece algo demasiado cruel. A lo mejor les informaría de la realidad que quieren transformar, qué se yo, y se podrían dar cuenta de que hablar no arregla los problemas, lo que les iba a producir tanto pasmo como desconcierto.

A lo mejor les informaría de la realidad que quieren transformar, qué se yo, y se podrían dar cuenta de que hablar no arregla los problemas

El caso es que, una de esas personas que convive y conversa con ellos, me ha trasladado que el estado de opinión de muchos de los diputados y senadores es que comience la legislatura y termine dentro de cuatro años, tal como rezaba la letra teórica del contrato laboral que firmaron después de las elecciones.

Lo comprendo. Al fin y al cabo, han tenido que afrontar un montón de entrevistas personales, a través de mítines, visitas, reuniones, viajes, comidas, esa paliza de la campaña electoral que parece que no va a terminar nunca. Y, después de esa dura prueba, que les digan ""¡Hala! a empezar otra vez!".

Están en su derecho de recelar. Igual no entran en las listas. O entran, pero no salen. Así que comienza a aumentar el número de los partidarios de que salga un pacto de investidura, a favor o en contra, cualquiera que sea, todo menos volver a la carretera, otra vez, a opositar.

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