miércoles 22/9/21

A Madrid le falta más de un debate

Madrid siempre gana en las cifras grandes. La condición de sede corporativa y de capitalidad han construido un colchón en época de crisis.También, la acumulación de la burbuja ha seguido generando bucles de inversión nacional y extranjera, a veces puramente rentista, que permite a las autoridades madrileñas sacar pecho.

Para decir toda la verdad, si Madrid ha logrado liderazgos en crecimiento o renta por habitante no es por dumping fiscal, sorprendentemente denunciado por el presidente valenciano, o por beneficios de un sistema de financiación absurdo que ha penalizado a Madrid en medida similar a otras comunidades.

Algunas políticas han funcionado y la sutil pero imparable conversión del espacio económico madrileño en territorio de turismo de compras ha facilitado una actividad económica que crece a mayores tasas que otras, con la laguna del Madrid capitalino que no acaba de situarse en los mismos niveles que el resto de los municipios de la Comunidad.

Quienes vivimos en Madrid hemos sufrido de Púnicas, Gürtel y mordidas convenientes para gestores venales y no pocos licitadores. No obstante, el capital físico ha crecido en buena medida, sin duda para beneficio de muchos licitadores en el periodo de la burbuja, mientras otros derivaban en más que notables agujeros y desiertos sus recursos.

Agujeros y desiertos de los que Madrid no está ausente como puede observar cualquier analista y que han supuesto derroches incontables que hubieran permitido a madrileños y madrileñas evadir los recortes impuestos por la crisis. Un debate no realizado en Madrid, sepultado por las comisiones de investigación que nada investigan y no han pillado aún el drama del endeudamiento sepultado en nuestra sanidad, mientras se recortaban prestaciones.

Y, sin embargo, Madrid no es el paraíso del que presume Cifuentes ni el paradigma renovador del que habla Ciudadanos. Madrid tiene un debate. Un debate social, territorial, municipal. Un debate de defensa de su estado de bienestar y sus políticas sociales. Un debate del que, lamentablemente, ausente la izquierda de Madrid carece de protagonistas y argumentos.

"Madrid no es el paraíso del que presume Cifuentes ni el paradigma renovador del que habla Ciudadanos".

Cuando Alberto Garzón decidió traicionar a Izquierda Unida y pedir el voto a quienes no eran de izquierda ni derecha, no sólo impidió un gobierno de izquierdas sino que anuló voces que siempre habían amparado la denuncia a las más lesivo de las políticas de la derecha.

La Comunidad de Madrid le debe a los madrileños y las madrileñas un debate fiscal. La persistente reducción de impuestos no supone, diga lo que diga el presidente de la Comunidad de Valencia, dumping fiscal alguno; lo que ha supuesto son dos cuestiones de grave dimensión social: derivar rentas hacia los más ricos y permitir un gratuito déficit presupuestario que acumula durante los años de la crisis recursos que hubiera permitido mantener intactas nuestras prestaciones sociales.

Hoy no me toca, pero he visto a muchos y muchas de mis amigos y amigas reivindicar que se hable de Telemadrid. Espero que que en los próximos tiempos podamos hablar de ello desde una ventana de luz.

La deriva fiscal y el déficit ha supuesto, también, una evidente laguna en el estado de bienestar de madrileños y madrileñas: nunca hemos dispuesto de un sistema de protección a la dependencia, de un sistema de ayuda a las familias y de una renta de inserción digna de tal nombre.

La sanidad madrileña sigue siendo un pozo inacabable de gasto mal gestionado. Ninguna de las estrategias privatizadoras, de gestión, de recuperación de la sanidad pública, tras haberla destrozado, han tenido el menor éxito. La desviación presupuestaria, la liquidación incontrolada del gasto es un mal endémico que produce una continúa reducción de las prestaciones de salud, sólo mitigadas por el esfuerzo de los profesionales.

Madrid sigue clamando por un sistema de educación pública que facilite una real igualdad de oportunidades; que coopere en la conciliación, mediante una escuela infantil real y accesible; que integre la multiculturalidad real en la vida de los madrileños y madrileñas más jóvenes.

Sin duda, Madrid necesita un debate sobre el empleo. La temporalidad, la baja calidad del empleo y la recobrada siniestralidad laboral, en cuanto ha mejorado levemente la actividad, exigen un debate real sobre políticas de empleo que, sin duda están en boca de todos y todas, pero no tranquilizan a nadie.

No es, sin duda, Madrid una Comunidad que no haya sido capaz de regenerar comportamientos o mejorar transparencia. Pero superar esos déficit no es suficiente. Madrid necesita un debate y necesita izquierda. Deberemos seguir esperando.

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