viernes 3/12/21

El cardenal Innitzer

En abril de 1938 se celebró un referéndum en Austria. Se trataba de convalidar la anexión de Austria por Alemania. Desde hacía unas semanas se había detenido a comunistas, socialdemócratas y judíos, el poder convocante no quería campaña del NO. Del régimen nazi ya se sabían muchas cosas, la más notoria la persecución de los judíos. Incluso la Iglesia Católica alemana se movía como podía frente a esas monstruosidades y se manifestó mucho menos paciente que las confesiones protestantes. En Austria no fue así. El cardenal primado Theodor Innitzer intervino a favor del SÍ y le acompañaron la mayoría de los obispos austriacos en la firma de una carta en ese apoyo que finalizaba con un estremecedor 'Heil Hitler!' a pesar de que, un año antes, Pío XI había escrito una encíclica condenando el nazismo. Detrás de ello estaba el interés en mantener los centros educativos, colegios y asociaciones juveniles que intervenían e influían en la vida y la sociedad austriaca. Los nazis les prometieron mantenerlos. A Innitzer le resultó fácil hacerlo, era víctima del nacionalismo irredento alemán, en la vida intelectual de Centroeuropa era en buena parte opinión dominante, entendía que eran pueblos de la misma sangre, esas letanías del romanticismo que tanto daño han hecho al desarrollo racional de Europa. La Santa Sede mostró su desacuerdo y pidió explicaciones a Innitzer. En su soberbia siguió actuando a favor de Hitler hasta el día del referéndum en el que celebró misa muy de mañana, explicó que iba a votar después inmediatamente y que su voto sería SÍ.

En este tiempo hemos visto cómo otros sacerdotes católicos han seguido su ejemplo en el Noreste español. Algunos centenares. La Iglesia Católica en Cataluña no ha sido equidistante ni siquiera, ha actuado con el independentismo supremacista, a su favor y como parte de su engranaje. Escolapios y Jesuitas se han mostrado los más independentistas. Incluso obispos han dejado claras sus preferencias. Y también detrás de ello está el dinero y la influencia. En Cataluña, la enseñanza concertada cubre también la etapa de Bachillerato, lo que no está mal, debería ser así en toda España. Quieren las ventajas del poder que parece haberles comprado y sumarse a la vorágine.

El cardenal Innitzer se llevó la gran sorpresa cuando, ganado el referéndum nacionalista de 1938 por Hitler en Austria, los nazis se olvidaron de sus acuerdos, ocuparon los centros educativo y disolvieron las asociaciones juveniles. No sé si los sacramentados firmantes del apoyo a la independencia en la Marca Hispánica, el que fue primer nombre de Cataluña, se acuerdan de lo que les ocurrió a muchos curas, algún obispo y millares de fieles católicos cuando alguno de los partidos a los que ellos apoyan tuvo poder absoluto sobre la vida y la muerte. También es memoria histórica.

Desgraciadamente, el Vaticano en esta ocasión no ha llamado la atención a sus consagrados, no les ha explicado lo que Pío XI escribió en su encíclica. No. Unas decenas de obispos vaticanos firmaron una carta de apoyo a la independencia contra España. España, la nación que tanto ha hecho por la Iglesia Católica, algo indiscutible cuando la mayoría de los católicos hablan español, se ve disparada por la espalda desde Roma. El papa Francisco y su doctrina de la inculturación, de una levedad intelectual pasmosa, ha justificado a los cinco obispos recalcitrantes y muchos sacerdotes. La relajación intelectual y teológica del Vaticano presente ha conllevado la apariencia benefactora de un buenismo hueco que todo lo ampara. El bien debe ser defendido contra el mal sin relativismo alguno, así pensaba la Iglesia de Pío XI frente a Hitler.  Innitzer estuvo totalmente 'inculturado', pero como paralelo resulta escalofriante. Sobre todo cuando una supuesta independencia se demostraría fatal en sus consecuencias económicas para todos los desfavorecidos y crearía muchos más. Esperemos que el papa Francisco y la Curia reflexionen sobre cómo la política de corto alcance se ha hecho posible en los pasillos del poder vaticano. Y asimismo sobre sus consecuencias no previstas por comodidad intelectual. Creo que debe.

Juan Soler es Senador de España.

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