lunes 25/10/21

La maldición de Eurovisión

Los niños de mi generación crecimos traumatizados por dos fracasos colectivos: los que torneo a torneo cosechaba la Selección española de fútbol y los de nuestros cantantes en Eurovisión.

Daba igual qué jugadores formaran en la alineación de ‘la Roja’ (entonces la llamaban ‘Furia española’) o cómo se llamara el solista o grupo enviado al festival. Quienes tuvimos el privilegio de ser los primeros en ver correr a Pancho por la playa de Nerja al grito de ‘¡Chanquete ha muerto!’ sabíamos de antemano que por mucha ilusión que aportáramos a la causa, el triunfo de España era imposible. Porque siempre, en el momento del penalti o de la votación decisiva, Zubizarreta se tiraba hacia el lado contrario al que iba el balón y los doce puntos del jurado iban a parar a otro país.

Uno de los momentos más difíciles que recuerdo tuvo lugar en la edición de Eurovisión de 1983, cuando la ‘cantaora’ de flamenco Remedios Amaya quedó última en Múnich con cero puntos, empatada con Turquía. Fui de los pocos que lo vieron venir e intentaron evitarlo. En cuanto supe cuál era la canción elegida para representarnos aparqué mis preocupaciones infantiles y me centré en evitar el desastre nacional que se avecinaba.

Durante semanas avisé a todos mis mayores de que España iba a hacer el ridículo, pero mis desvelos no dieron frutos. Televisión Española, dirigida entonces por José María Calviño, mantuvo su apuesta y la catástrofe se consumó la noche de aquel aciago 23 de abril, cuando la artista sevillana salió al escenario descalza, con un vestido largo de rayas azules y blancas que parecía una cortina de Ikea y una diadema en la frente para preguntarse cantando quién manejaba la barca que la llevaba a la deriva. Y tanto que iba a la deriva. No la votaron ni los portugueses. Y de su barca, como del carro de Manolo Escobar, nunca más se supo.

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Aquel naufragio dejó en los corazones de todo el país una herida tan profunda como el fallo de Eloy frente a Bélgica en la tanda de penaltis en los octavos del Mundial de México 86 o la foto de Luis Enrique llorando con la nariz rota y ensangrentada tras caer eliminados ante Italia en el campeonato de Estados Unidos 94.

Antes que Remedios Amaya habían probado suerte en Eurovisión Raphael, Karina, Mocedades y Julio Iglesias. Grandes nombres todos, pero incapaces de repetir los triunfos de Massiel en 1968 con ‘La la la’ y de Salomé en 1969 con ‘Vivo cantando’. En las tres décadas siguientes también fracasaron el grupo Bravo (quedó tercero con su pegadiza ‘Lady lady’), Paloma San Basilio, La Década Prodigiosa, Azúcar Moreno, Sergio Dalma y Nina. Nada. No hubo manera. ¡Qué duro fue hacerse mayor así! A golpe de desengaño una generación entera de niños descubrimos que ser español iba a ser algo así como ser del Atlético de Madrid. Muy doloroso.

¡Qué duro fue hacerse mayor así!

Y entre grandes apuestas como Las Ketchup; triunfitos como Rosa de España y extravagancias como Rodolfo Chikilicuatre pasaron los años y nació la leyenda de la maldición de España en Eurovisión. Un mal fario como el que acompañó hasta hace poco a la Selección basado en excusas de mal perdedor con tintes de conspiración: Que si en el extranjero nos odian, que si no nos entienden, que si no nos votan y nos arbitran mal porque nos tienen envidia, que si desde que cayó el Muro de Berlín es aún peor porque los países del Este se alían para votarse entre ellos, que si anda y que les den dos duros porque no merecen ni que participemos…

Pura frustración y mala baba, que en el fútbol desaparecieron cuando por fin hubo un equipo capaz de cumplir la premisa básica de que para ser campeones hay que ser mejores que los demás. La Selección ya hizo su parte al ganar un Mundial y dos Eurocopas entre 2008 y 2012, pero en música la catarsis aún no ha llegado porque España es un erial desde que alguien decidió perpetuar ‘ad eternum’ la fábula de la movida.

Eurovisión es la última maldición, el trauma colectivo que le queda por superar a este país. Barei intentará este sábado librarnos del maleficio con el tema ‘Say Yay!’. Su actuación llega de nuevo cargada de polémica porque por primera vez un artista español cantará íntegramente en inglés, el idioma más utilizado del festival. Deseemos suerte a nuestra chica en el envite. Si naufraga, al menos esta vez no podremos decir que los europeos no nos han entendido.

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