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Los pesticidas sistémicos: una amenaza global a los sistemas vivos

Estrella Digital | 28 de junio de 2014

Una mariposa se posa en una flor. | Carlos de Prada
Una mariposa se posa en una flor. | Carlos de Prada

Los insecticidas más usados del planeta representan una grave "amenaza global para la diversidad biológica", según un demoledor informe conocido estos días y realizado por un grupo de trabajo de la Unión Internacional para la Defensa de la Naturaleza (UICN)

El informe no es uno de tantos como han venido publicándose sobre la cuestión. Es un amplio estudio que, basándose en los hallazgos de más de 800 investigaciones científicas que han sido evaluadas a lo largo de varios años, ha llevado a los 53 científicos internacionales que lo han realizado a muy preocupantes conclusiones acerca de las consecuencias del uso masivo de unos insecticidas muy utilizados, los insecticidas sistémicos (como los llamados neonicotinoides y el fipronil).

Probablemente, a mucha gente no le digan mucho nombres como este de los neonicotinoides. Pero los neonicotinoides son  rociados, año a año, sobre cientos de millones de hectáreas de los campos de cultivo de nuestro planeta y, por ello, sus efectos negativos pueden ser globales. El 40% de todos los insecticidas que se esparcen por la superficie agraria planetaria son neonicotinoides. En España, por ejemplo, son vastamente usados, no solo en zonas agrícolas sino también, aunque en mucha menor medida, en poblaciones.

Las conclusiones del informe aludido, respecto a unas sustancias que contaminan tan amplias regiones pueden tener, pues, hondas implicaciones. Y son unas conclusiones que, por lo vasto de sus bases de apoyo, tienen un peso mucho mayor que el de los meros estudios concretos que van publicándose de cuando en cuando. Como se ha hecho público "el grupo de trabajo sobre pesticidas sistémicos es la respuesta de la comunidad científica sobre el impacto de estos venenos sobre la biodiversidad y los ecosistemas y su intención es aportar la definitiva visión de la ciencia para informar una más rápida y mejor toma de decisiones".

Los neonicotinoides y el fipronil amenazan el funcionamiento y los servicios de los ecosistemas

Por ello, han de tenerse muy en cuenta sus alarmantes conclusiones y el hecho de que, ante ellas, sus autores hayan pedido a las agencias reguladoras que apliquen principios más precautorios. Que vayan más allá estableciendo regulaciones más severas sobre los neonicotinoides y el fipronil y que comiencen a planificar una retirada global o al menos a elaborar planes para una fuerte reducción en su escala global de uso. Debe reconsiderarse, dicen, el actual uso a gran escala de estos productos, que consideran insostenible. Y motivos no les faltan, como se ve en los argumentos que desgranan.

Los datos del informe, que será publicado en breve en la revista científica Environmental Science and Pollution Research, muestran con contundencia que hay razones sobradas para preocuparse ya que elementos básicos para el funcionamiento de los ecosistemas estarían siendo alterados por estos venenos. Tal y como ha manifestado Maarten Bijleveld van Lexmond que lidera el grupo de trabajo que ha realizado la investigación, "los hallazgos son gravemente preocupantes, vemos ahora claramente que los neonicotinoides y el fipronil amenazan el funcionamiento y los servicios de los ecosistemas mucho más allá de las preocupaciones acerca de especies concretas y que deben garantizarse una atención por parte de los gobiernos y de la regulación".

Lo denunciado ahora va mucho más allá del que hasta ahora ha sido el tema "estrella": las abejas, sin quitar importancia a lo que sucede con estos himenópteros que, ya por sí solo, debería justificar acciones internacionales de hondo calado, más allá de las tibias y parciales que ha acometido la Comisión Europea. 

Por supuesto, este informe también se ocupa del problema de las abejas, reafirmando la gravedad del problema. Incluso incrementando la contundencia de los datos, ya que lo que este informe dice sobre las abejas se basa en la revisión de toda la literatura científica existente. Habla de hechos muy preocupantes como que las concentraciones de neonicotinoides que se encuentran en las áreas tratadas con ellos, en los escenarios reales,  pueden dañar la capacidad de navegación de los individuos, su capacidad de aprendizaje, su búsqueda de alimento, su longevidad, su resistencia a las enfermedades (singularmente importante esto cuando se sabe que las abejas están siendo minadas por ellas) y su fecundidad. También se muestra contundente en su preocupación por especies como los abejorros ante los irrefutables efectos que se han visto en ellos a nivel de colonias. Colonias de abejorros expuestas a estos neurotóxicos que veían ralentizado su crecimiento y producían muchas menos reinas (lo que en los abejorros puede ser especialmente grave).

Los autores del informe dicen, sí, que estamos ante algo que "está poniendo en serio riesgo a las abejas melíferas" pero también a "otros polinizadores tales como las mariposas y a una amplia gama de otros invertebrados como las lombrices de tierra y a vertebrados como las aves". Añadiendo que "la evidencia es muy clara, Estamos asistiendo a una amenaza a la productividad de nuestro medio ambiente natural y agrario equivalente a la que han representado los organofosforados o el DDT", según expresa Jean-Marc Bonmatin del National Centre for Scientific Research en Francia, uno de los principales autores del estudio. "Lejos de proteger la producción de alimentos, el uso de pesticidas neonicotinoides está amenazando  la infraestructura misma que la hace posible, poniendo en peligro a los polinizadores, la trama básica de los hábitats y los organismos que mantienen a raya las plagas de manera natural en el corazón mismo del funcionamiento de un ecosistema", añade.

Los neonicotinoides  fueron presentados en su día como unos insecticidas más "ecológicos" y autorizados

El análisis realizado por estos científicos desvela que los grupos de especies más afectados son invertebrados terrestres como las lombrices que se exponen a altos niveles de estos venenos a través del suelo o las plantas, a niveles medianos a través del agua superficial y de lo que desprenden las plantas y a bajos niveles a través del aire, por el polvo. Individuos y poblaciones pueden verse negativamente afectados incluso a niveles bajos y por la exposición aguda. Ello los hace altamente vulnerables a los niveles de neonicotinoides asociados a su uso agrícola"

"El siguiente grupo más afectado"- dicen estos expertos afiliados a la UICN- "son los insectos polinizadores, tales como las abejas y las mariposas que están expuestos a una alta contaminación a través del aire y las plantas y a una exposición media por el agua. Individuos y poblaciones pueden ser afectados por exposiciones bajas o agudas haciéndoles muy vulnerables". Entre otras cosas, el informe destaca que los polinizadores expuestos a polen, néctar o agua contaminada son dañados a las concentraciones de estos venenos que suelen darse realmente en los campos.  

A continuación, seguirían los invertebrados acuáticos tales como los caracoles y las pulgas de agua, que son vulnerables a diversos grados de concentración de estos venenos, desde los bajos a los más altos, y que pueden ser afectados a nivel de individuos, poblaciones y comunidades enteras. Se ha constatado, por ejemplo, que en lugares contaminados con estos productos se ha reducido muy notablemente la diversidad y abundancia de insectos acuáticos.

Para gente desconocedora de cómo funciona la naturaleza de la que el ser humano depende, para bien o para mal, el que se vean afectadas criaturas como las descritas puede parecer algo no demasiado importante. Sin embargo, se trata de criaturas que muchas veces desempeñan funciones esenciales para la conservación de la fertilidad de las tierras, para la producción de frutos y semillas importantes para la alimentación humana, para el mantenimiento del equilibrio de los ecosistemas acuáticos,... Criaturas que muchas veces están en la base de ése delicado castillo de naipes de la trama viviente de la que el propio hombre forma parte.

La gran escala a la que los seres vivos pueden verse expuestos a estos venenos en el medio ambiente global, a niveles de concentración que se sabe que pueden causar efectos letales y sub-letales en una amplia gama de beneficiosos microorganismos, invertebrados y vertebrados terrestres, acuáticos y del suelo, pone en riesgo, nos dicen estos expertos,  el funcionamiento de los ecosistemas y los servicios que nos brindan. Entre ellos los que brindan ecosistemas terrestres y acuáticos relacionados con la descomposición de los residuos y el ciclo de los nutrientes, la producción de alimentos, el control biológico de las plagas,  o la polinización, cuyos valores económicos son exorbitados.

Ciertas especies de invertebrados del suelo, tales como las lombrices, a pesar de su humilde apariencia, pueden proporcionar servicios inestimables ligados a cosas como la regulación de los nutrientes del suelo, el depósito de carbono, apoyar el crecimiento de las plantas, etc. Por ello no es cosa de broma que, como se comenta en el informe, se hayan visto en ellas efectos que van desde la simple muerte de las mismas , a reducción de su actividad trófica, pasando por alteraciones de conducta. El suelo es, por sí mismo, un ente vivo cuyo equilibrio depende  de la diversidad de las complejas comunidades biológicas que lo habitan.

El informe detalla cómo se ha visto que los microorganismos del suelo, absolutamente fundamentales para que este reúna unas mínimas condiciones, pueden verse afectados, bien sea por exposiciones a niveles altos o más bajas pero prolongadas. Por otro lado, también apunta que las muestras tomadas en el agua en diversos puntos del planeta han mostrado que de manera regular se exceden los límites ecotoxicológicos. Y que además de contaminar a especies no objetivo, frecuentemente beneficiosas, a través de la exposición directa (por ejemplo insectos que consumen el néctar de plantas tratadas), estas sustancias son también detectadas en concentraciones variables fuera de las zonas donde se usaron. La solubilidad en agua de los neonicotinoides implica que pueden ser transportados  y contaminar áreas más extensas originando exposición a los mismos de seres vivos en lugares como cursos fluviales, estuarios y ecosistemas costeros.

El informe -aparte de referirse a otros animales como peces o anfibios- no olvida tampoco aludir a los efectos que se pueden causar, por ejemplo, en vertebrados como las aves (que pueden verse afectadas por alimentarse de semillas recubiertas con estos insecticidas) o incluso los reptiles cuyas poblaciones han caído en algunas zonas a la vez lo hacían las de los insectos de los que se alimentaban.

Los efectos de la exposición a los neonicotinoides tienen una amplia escala, que va desde los efectos inmediatos y letales a los efectos crónicos

Como se ve, el panorama que dibuja el informe va mucho más allá del ya de por sí grave asunto de las abejas, insectos que desempeñan un papel clave en la ecología y aún en la economía agraria (muchos cultivos importantes dependen de la polinización), a pesar de lo cual no se han conseguido en su defensa, a nivel político, más que algunos paños calientes como las tímidas acciones emprendidas por la Comisión Europea, que ha acometido restricciones muy parciales que afectan a algunos pesticidas.

Los neonicotinoides empezaron a usarse a gran escala en la agricultura en los años 90 y fueron presentados en su día como unos insecticidas más "ecológicos" y autorizados, como casi siempre suele suceder, basándose en estudios realizados o financiados por las propias industrias que los venden y que defendían sus virtudes, su "inocuidad"... Sin embargo, la ciencia no dirigida por los fabricantes de pesticidas, la ciencia independiente de numerosas universidades y centros de investigación repartidos por todo el mundo, a menudo con financiación pública, ha ido acumulando datos, que muestran un escenario muy diferente. Datos que ahora ha reunido el informe referido, bautizado como The Worldwide Integrated Assestment of the Effects of Systemic Pesticides on Biodiversity and Ecosystems (WIA), en castellano: Evaluación Integrada Global  de los Efectos de los Pesticidas Sistémicos sobre la Biodiversidad y los Ecosistemas, realizado con afán de guiar unas acciones políticas que estén a la altura de la amenaza.

El gran mérito del trabajo hecho por estos expertos es que pone junto, por primera vez, todo el peso de la evidencia científica existente, de modo que permite hacerse una idea del monumental alcance de la cuestión. Pero, teniendo en cuenta que no son los únicos pesticidas que se están usando en tantas y tantas zonas, y que se sabe que pueden tener efectos semejantes, ello debiera acaso impresionarnos todavía más, en el sentido de que los daños reales que se están produciendo pueden estar siendo subestimados en alguna medida incluso por este informe.

La cosa, pues, es mucho peor que lo que las campanas que mucha  gente de a pie ha venido escuchando hasta ahora. Y este informe debería convertirse en un fuerte aldabonazo sobre la conciencia de los gobernantes, cosa que está por ver que llegue a pasar.

Los pesticidas investigados recubren las propias semillas que son esparcidas por los campos y una vez que estas arraigan pasan al interior de todo el vegetal a medida que este crece. Ésa es la razón de llamarlos sistémicos, el que estos venenos se reparten por todo el organismo vegetal, por todo su sistema vital a fin de envenenar al animal que se lo coma. Aunque a veces también puede aplicarse externamente. Entre los pesticidas sistémicos se encuentran algunos como el acetamiprid, clothianidin, dinotefuran,  imidacloprid, nitenpyram, nithiazine, thiacloprid, thiamethoxam o fipronil (este último no es un neonicotinoide sino un fenilpirazol). Nombrecitos que dicen poco a la gran mayoría de los mortales a pesar de la inquietud científica que generan.

Esta revisión de estudios que condensa lo que dicen centenares de investigaciones dispersas, pocas de las cuales habían llegado a tener una suficiente difusión entre la sociedad. Hasta ahora, lo más normal es que se fuesen conociendo estudios que mostraban, cada uno, un efecto sobre una especie, un tipo de ecosistema o un lugar. Por ejemplo, un estudio sobre las abejas en Francia, un estudio sobre lo que estaba pasando con los ecosistemas acuáticos en Holanda u otro sobre las aves en Estados Unidos, pero sin que hubiese tantos que mostrasen efectos más amplios sobre la biodiversidad o los ecosistemas. Y este estudio ahora conocido sirve para acercar un poco a ésa visión de conjunto, mucho más pavorosa que la que sugieren las piezas aisladas del puzzle. El escenario mostrado va mucho más allá de los impactos sobre especies concretas o grupos, y alcanza los efectos a nivel de comunidades enteras de seres vivos y de procesos ecosistémicos que se están viendo dañados por estos pesticidas. Y los daños descritos son impresionantes.

Además de las cosas ya citadas, el informe destaca el carácter persistente de los neonicotinoides, capaces de perdurar sobre todo en los suelos, durante meses e incluso años en algunos casos. Ello incrementaría sus posibilidades de causar efectos tóxicos al aumentar la duración de la exposición a estas sustancias por parte de especies no objetivo (es decir, aquellas que no son consideradas plaga y que muchas veces son especies beneficiosas e incluso claves para el equilibrio de los ecosistemas).

Los neonicotinoides pueden afectar a especies que coman las plantas, sorban su savia, beban su néctar coman su polen o sus frutos

Además, al entrar en contacto con la naturaleza, los neonicotinoides sufren transformaciones químicas descomponiéndose en sustancias diferentes, que se denominan metabolitos, que pueden ser tan tóxicos o más que los productos iniciales.

Por si fuese poco, los métodos convencionales que se han venido usando para evaluar la toxicidad de los pesticidas neonicotinoides y otros pesticidas, basados en estudios de laboratorio a corto plazo no son, según estos investigadores, eficaces para medir el efecto real de estos venenos agrarios. La tendencia machacona de los test que se hacen para autorizar estos productos químicos que se basan más en evaluar riesgos de toxicidad aguda que en hacerlo con los efectos a largo plazo derivados de exponerse además a estos productos a través de diferentes vías de exposición, es algo realmente preocupante.

Se habla de unos productos que, solo por hablar de los efectos agudos, pueden ser, en el caso de algunos neonicotinoides, de 5.000 a 10.000 veces más tóxicos para las abejas que el DDT, según los autores del estudio.

Los efectos de la exposición a los neonicotinoides, nos dicen, tienen una amplia escala, que va desde los efectos inmediatos y letales a los efectos crónicos. Una exposición a largo plazo a niveles muy bajos, sub-letales, puede causar importantes desarreglos a diferentes niveles, frecuentemente por su carácter de venenos nerviosos.

Los neonicotinoides pueden afectar a especies que coman las plantas, sorban su savia, beban su néctar coman su polen o sus frutos, y la sucesión de efectos que causan pueden debilitar la estabilidad de los ecosistemas.

Su persistencia y solubilidad en agua ha generado una contaminación a gran escala, y con un importante potencial de acumulación, en los suelos y sedimentos, en las aguas subterráneas y superficiales y en la vegetación tratada con ellos y en la no tratada.

Además de la contaminación de las especies no objetivo por exposición directa (como por ejemplo la de insectos que consumen néctar de plantas tratadas), estos venenos son también detectados , según los investigadores, a concentraciones diversas fuera de las áreas tratadas. Pasan fácilmente al suelo y a los hábitats acuáticos de los alrededores de las áreas cultivadas. El agua contaminada con ellos junto con el polvo creado durante la siembra de las semillas tratadas puede contaminar las plantas silvestres que crecen en los márgenes de los cultivos y los setos pudiendo causar más potenciales efectos sobre una amplia gama de especies de invertebrados herbívoros que viven en o cerca de las zonas tratadas. A través de vías como estas se dan múltiples formas de exposición aguda o crónica por parte de las especies no objetivo, comentan los responsables de la evaluación sobre los efectos de estos pesticidas.

Finalmente, los científicos autores del informe, dicen que casi tan preocupante como lo que se sabe de los neonicotinoides es lo que se desconoce de ellos. Por ejemplo, la escasa información existente acerca de las cantidades que son aplicados y el poco seguimiento que se hace de sus concentraciones en infinidad de lugares donde son aplicados (aunque en los lugares en los que se analiza su posible presencia suelen ser detectados), la enorme cantidad de especies que queda por evaluar (por ejemplo, solo se ha evaluado la toxicidad para 4 especies de abejas de las cerca de 25.000 existentes, y queda mucho por estudiar sobre otros grupos como las mariposas o los sírfidos, también llamados moscas de las flores), también queda mucho por saber acerca de la toxicidad para ciertos vertebrados (desde pequeños mamíferos a algunas aves que pueden comer los granos envenenados), etc. En resumen, que los efectos reales, aún por estudiar, pueden ser mucho mayores incluso que los ya conocidos.

¿Adoptará medidas la comunidad internacional?

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