viernes 24.01.2020

Llevamos varios días los sufridos portugueses desayunándonos con noticias nada halagüeñas. Si la semana pasada me refería a los pesares de nuestro buen juez encargado de investigar los desmanes de la corrupción política y económica, hoy voy a contarles otro asunto que, en cualquier otro país europeo, resultaría increíble.

El caso es que hace varias semanas que está publicándose que nuestras autoridades tributarias habían puesto en marcha un sistema interno que permitía detectar cualquier consulta que los funcionarios encargados de verificar los archivos iscales de los contribuyentes hicieran sobre los datos de determinadas personas. Resulta que esas personas no son otras que el Presidente de la República, el del Gobierno, la Ministra de Finanzas, el Secretario de Estado, y demás responsables políticos. Se había establecido, de esta manera, lo que algunos denominan lista VIP, que impedía de hecho controlar si sus integrantes cumplían o no con sus obligaciones fiscales.

El origen de este enredo no sería otro que la broma colectiva a la que muchos portugueses se animaron cuando se nos exigió que hasta por tomar café deberíamos pedir una factura que indicase nuestro número fiscal. De lo contrario, al salir a la calle nos arriesgábamos a ser multados por unos inspectores hábilmente camuflados entre la clientela. Lo que muchos hicieron – iocandi causa – fue dar el número fiscal del Primer Ministro. Se incoaron así numerosas inspecciones, al detectarse que el Dr. Passos Coelho gastaba cada día en café el equivalente a su sueldo.  

Cuando se publicaron las informaciones sobre la lista VIP, la reacción de nuestras autoridades fue negar tajantemente tamaña suposición. Es más, negaron también que algunos funcionarios del fisco hubiesen sido sancionados por haber intentado acceder a los datos de esos contribuyentes. El propio Dr. Passos Coelho declaró indignado que ese sistema, al ser contrario al ordenamiento jurídico, no podía existir en un Estado de derecho como es nuestro pequeño y querido Portugal. En parecidos e igualmente firmes términos – algunos en sede parlamentaria – se pronunciaron otros altos responsables de su Gobierno. El Director General del fisco, eso sí, dimitió, no por esos hechos – que según el Gobierno no existían – sino por motivos personales.

Este pasado martes, sin embargo, se ha dado una nueva vuelta de tuerca a tan feo asunto. Resulta que, alertada por las noticias publicadas, nuestra Agencia de Protección de Datos Personales decidió intervenir de oficio. Investigó el asunto y concluyó, en un informe que ha remitido directamente a la fiscalía, que las prácticas detectadas son reales y además conllevan indicios de actos delictivos.

Así las cosas, estamos los portugueses ansiosos por ver cómo acaba todo este turbio asunto. Resulta que no sólo existía la famosa lista VIP sino que, además, han quedado en evidencia esas airadas negaciones que repetían nuestros máximos responsables políticos. El asunto es grave y uno no puede sino esperar que la justicia haga su trabajo y que todos aquellos que están implicados admitan, de una vez por todas, su responsabilidad política y presenten cuanto antes su dimisión.

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