sábado 19.10.2019
CANES SOLIDARIOS

Perros de asistencia, bienvenidos en los sitios privados y públicos

No son perros guía, aunque ayudan a personas con problemas auditivos, discapacidades físicas, epilepsia o autismo. Ahora colegios, oficinas, comercios o autobuses tienen que permitir el acceso a estos animales. Así se educa a un can de servicio

Xey, perro entrenado por los educadores de la ONCE | BEA DEL CAMPO
Xey, perro entrenado por los educadores de la ONCE | BEA DEL CAMPO

Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la raza canina. La Comunidad de Madrid aprobó el pasado jueves una ley que permite a los perros de asistencia entrar en sitios públicos y privados como colegios, oficinas o autobuses.

Esta ley ampara a los perros de asistencia que no son sólo los perros guía que ayudan a las personas ciegas, sino también los perros señal, que ayudan a las personas con problemas auditivos; los perros de sevicio que usan las personas con discapacidades físicas y aquellos perros que son entrenados tanto para ayudar a personas que pueden tener crisis de desconexión sensorial (como la epilepsia) o aquellos que ayudan a personas con transtornos de espectro autista. Sin embargo, no se incluyen en el documento los perros de terapia, que son aquellos que ayudan a personas ingresadas en hospitales o en residencias de la tercera edad.

Según marca la ley, ambos deberán justificar su situación. El perro llevará un collar distintivo y su dueño tendrá que llevar un carnet que le relacione con su perro y en el que se explique que ayuda ofrece el can. Estas acreditaciones las entregará la Administración regional.

El pasado mes de febrero, el presidente de la Comunidad de Madrid, anunció en la Real Casa de Correos que se había aprobado el proyecto de la ley y, apenas un mes después, el documento ha sido aprobado por la Asamblea de Madrid.

Sin embargo, las personas discapacitadas llevan mucho más que un mes esperando. Aunque en 1998 se aprobó la ley que permitía a los perros guía entrar tanto en sitios privados como públicos, este colectivo ha tenido que esperar muchísimo más. Concretamente, 15 años desde que la Asociación de Perros de Asistencia de Madrid (AEPA) hizo su primera petición.

La diferencia temporal entre los dos procesos legales podría ser la existencia de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos Españoles). Antes de que se aprobase la ley que los amparaba, ya había perros guía en España. Estos llegaban desde Michigan, gracias a la colaboración de la ONCE y Leaders Dog, una asociación americana que tiene la misma función. En 1991, ocho adiestradores decicieron crear la Fundación Perro Guía bajo el amparo de la organización española. Desde ese momento, la Fundación fue creciendo y tomando importancia de tal forma que se formuló 7 años más tarde una ley que amparase sus servicios. Sin embargo, los perros de asistencia por aquel entonces eran mucho menos comunes, lo que provocó que “se quedaran de lado” comenta Enrique Solís, presidente de la asociación Lealcan. Con el paso del tiempo, los perros de asistencia han ido aumentado en España y es ha sido una de las razones principales que han llevado a regularizar la situación.

Aunque se acorten distancias después de la aprobación de esta ley, sigue habiendo un mundo entre las instituciones. Según cuenta el presidente de Lealcan, mientras que en su asociación el adiestramiento es la responsabilidad de 9 educadores, la ONCE cuenta en su plantilla con unas 60 personas que se dedican a las distintas labores que requiere la fundación. Eso hace comprensible que la organización de ciegos reparta cerca de los 100 perros guía anualmente. También varían las ayudas que reciben. Mientras que Lealcan dota de una pequeña ayuda para que las personas con discapacidad adquieran un perro, la ONCE corre con todos los gastos de sus perros guía.

De perro corriente a perro de asistencia

Pero no sólo cabe destacar la labor de asociaciones y educadores: el mayor trabajo y esfuerzo lo realizan los perros, que dedican toda su vida a ayudar a aquellas personas que lo necesitan.

Este sería el caso de Xey, un pastor alemán de 5 meses que está siendo entrenado por la Fundación del Perro Guía de la ONCE para ayudar a un exmilitar que, al explotarle cerca una granada, perdió un brazo y se quedó ciego.

Xey ya ha pasado por dos de las tres fases que distingue la ONCE en el proceso de preparación. Unos perros a los cuales llaman “reproductores” (ya que son los únicos que no están capados) conciben en la Escuela de la Fundación a los que después serán perros guías. Estos son entregados cuando tienen cerca de un mes hasta que tienen un año a una familia que deben socializarles.

Al cumplir el año, entre estos perros se realiza una necesaria criba: un perro de asistencia tiene que ser un perro afable y tranquilo. De entrada, un perro agresivo o que pueda llegar a morder se descarta. Es entonces cuando se llega a la segunda etapa, el adiestramiento. El educador comienza a enseñarle las cosas más básicas como ir por el centro de la calle o no girar sin el consentimiento de su dueño hasta cosas más difíciles cómo pararse en los pasos de peatones o no chocarse con los obstaculos fijos (que son aquellos imprevisibles, como las personas). La duración de esta etapa depende del perro, pero normalmente son unos ocho meses. En el caso de Xey, que es un perro muy inteligente y vivaz, pasará seguramente a la siguiente fase cuando cumpla los 6 meses. Además, cada perro es entrenado particularmente, ya que se deben tener en cuenta factores como el carácter, la fuerza física del animal o la afección física que tendrá su futuro dueño.

Por último, educador y perro tomarán contacto con el que será el amo del can. Aquí empieza la etapa de adaptación, en la que se le enseña al animal los trayectos más comunes en el día a día de su dueño mientras que a la persona se le enseña como debe tratar al perro. Mientras perro y dueño convivan juntos, el educador mantendrá un seguimiento en caso de que surja álgún problema.

Estos perros, aunque se alejan de ser mascotas corrientes por realizar quizá una de las labores más solidarias, siguen siendo seres cariñosos y con una imperiosa necesidad de afecto, que tanto sus educadores como sus posteriores dueños se encargan de suplir con creces.

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