martes 13/4/21

Estrella Digital

REYERTA ATLÉTICO-DÉPOR, EN PRIMERA PERSONA

“Al ‘Jimmy’ no lo tiramos al río, se nos cayó. Estaba muerto"

Cuello de toro, hombros descomunales, brazos como vigas adornados de tatuajes casi sin dejar piel libre. Hace una semana que Javier Romero Taboada fue asesinado en una reyerta entre ultras. Lo cuenta en primera persona uno de los protagonistas, con todos los detalles

jimmy

Sería casi la una de la madrugada del pasado domingo cuando una impertinente campanita sonó en el móvil de unos cuantos destacados miembros del Frente Atlético: un whatsapp que llegaba desde La Coruña: “Vamos a por vosotros. Salimos de Coruña”. Así empezó la cuenta atrás para la batalla campal que acabó con la vida de Javier Romero Taboada, “el Jimmy”, en medio de una reyerta sin precedentes ni cuartel a orillas del río Manzanares, en pleno parque madrileño.

Entre el miércoles y el jueves llegaron los primeros whatsapp, que ahora la Policía no localiza en los móviles de los ultras que fueron detenidos. Procedían de Galicia y se entremezclaban con las respuestas airadas que se enviaban desde Madrid. “Vamos a correros”. “Todo empezó porque en el mundo hooligan les ha dado por pensar que el Frente Atlético estaba acabado. Los Riazor Blues creían que podían corrernos. Y de eso nada”. Habla un ultra del Frente Atlético, al que llamaremos M., tatuajes que suben desde el cuello de la camiseta y bajan por las mangas hasta cada falange de la mano, hombros descomunales, bíceps infinitos, pelo rapado con un tupé rubio. Él escapó de la refriega sin que siquiera la Policía lo identificara, a pesar de que pasó en primera línea la hora larga que duró el duelo entre hooligans.

En diciembre de 2013 varios miembros del Frente Atlético fueron navajeados por una banda rival, los Out Law, vinculados a Ultra Sur, las hooligans del Real Madrid. Ese mismo mes, ultras del Valencia atacaron el santuario del Frente, un bar cercano al Vicente Calderón. La impresión en el mundo ultra es que los del Atlético están acabados como banda violenta. “Por eso los del Dépor se envalentonan contra nosotros, piensan que solo se van a encontrar a 30 o 50 chiquillos, sin ninguno de los buenos, que nos van a correr”, asegura M. El trofeo que buscaban los Riazor Blues era una foto con el bar del Frente tomado por ellos. Un partido a media mañana de un domingo les hace fácil y cómodo el desplazamiento.

"El mundo hooligan pensaba que el 'Frente Atlético' estaba acabado"

“Sabíamos que venían y que iban a recoger a los 40 Bukaneros –ultras del Rayo Vallecano, también de extrema izquierda– en Villalba”. El Frente situó un coche cargado de ultras a 150 kilómetros de la capital, en la A-6, para controlar la llegada los radicales del Dépor. No iban a sorprender al Frente sin efectivos, 200 de ellos habían quedado a las ocho de la mañana a desayunar en su bar, en el santuario cercano al Calderón.

“Cerca de las nueve empezó a pasar una furgoneta Peugeot Partner con los cristales tintados cerca del bar. Estaban controlando si estábamos o no. Era donde los Riazor llevaban sus armas”, sigue el relato de este ultra. Llegaron los mensajes que les avisaban de que los recién llegados de La Coruña estaban en Madrid Río.

Tal como relata la marcha de los 200 del Frente Atlético y cómo los esperaban los Riazor, parece una escena de falanges romanas que van a luchar en un cuerpo a cuerpo mortal. “Estaban –relata M.– en mitad de un puente. Cuando nos vieron llegar, se lanzaron corriendo a un chiringuito del parque, a robar los cuchillos. Nosotros no paramos, seguimos hacia ellos, gritando ‘venga, con huevos, que nadie se aparte, apretando contra ellos’. No veas cómo empujaban los jóvenes, los de las filas de atrás”. En vanguardia, los miembros más veteranos y violentos del Frente Atlético; detrás, los jóvenes que aún no habían templado el carácter con una pelea como ésta.

Cuando las dos masas están a punto de chocar, los ultras gallegos sacan su arma sorpresa: tubos de PVC que se convierten en lanzacohetes improvisados. “Hostia, qué susto, llevaban metralla. Pero no nos descompusieron, lo que hicimos fue dividirnos en dos, unos de frente y el resto por un lado, a la carrera contra ellos, entre el humo, para que se acojonaran”. Unos tiraban cuchilladas, otros atacaban con palos, otros a puño descubierto, la refriega estalla a orillas del Manzanares mientras unos agentes de movilidad miran desde la otra orilla, impotentes.

"No pensaron que había perdido el sentido y siguieron dándole patadas y con el casco roto de un botellín en la cabeza”

“Enseguida vimos que íbamos a poder con ellos, a correrlos. Nosotros hacíamos como que retrocedíamos, para reagruparnos y que se lanzaran contra nosotros, para poder seguir golpeándolos”. Vuelan sillas del chiringuito, bancos, mobiliario urbano, un hincha arranca las estacas que guían un árbol para arremeter –“desnucar”, dicen ellos– a un rival. “Cogíamos las armas que se les caían a ellos. Al que cae al suelo lo metemos de patadas, hasta que se queda tumbado”, sigue M.

“El problema que tuvo ‘el Jimmy’ es que se quedó caído con la cabeza para arriba, apoyado en algo, no pensaron que había perdido el sentido y siguieron dándole patadas y con el casco roto de un botellín en la cabeza”. Este ultra sitúa a Javier Romero Taboada en el centro de la reyerta, empuñando un cuchillo y aislado en medio de los ataques y contraataques, las oleadas de ultras que se retan y van al choque a la carrera. ‘Jimmy’ cae envuelto en una turba que pelea con la adrenalina hasta los topes, en la que nadie hace prisioneros, es una batalla sin cuartel.

“Lo subieron al pretil del puente y allí estaba ‘desnucao’, realmente se les escurrió. Al ‘Jimmy’ no lo tiramos al río, se nos cayó. Estaba muerto, yo creo, aunque yo solo lo vi, no estaba con él. A otros sí, a otros los tiramos al río, para que se les pasaran las ganas de volver a desafiar al Frente”. Javier Romero Taboada fue rescatado en parada cardiorespiratoria del río Manzanares por los servicios de emergencia de Madrid. Estaba clínicamente muerto, pero, recuperado el latido del corazón, fue trasladado al hospital, donde su muerte se decretó mientras aún se jugaba el partido Atlético de Madrid-Deportivo de A Coruña. Fuentes del SAMUR aseguran a ESTRELLA DIGITAL que se decidió retrasar el anuncio de su fallecimiento hasta que estuviera disuelto el público del Calderón, para evitar las ansias de venganza de nadie.

Son casi las diez menos cuarto de la mañana y al fin la Delegación del Gobierno actúa. Varias furgonetas de la Unidad de Intervención Policial (UIP) se trasladan desde el complejo policial de Moratalaz para disolver una pelea que ya está mortecina, con los ultras gallegos en busca de refugio y los del Frente Atlético volviendo a su santuario, o huyendo. Entre los que se alejan del campo de batalla, M.

“Lo subieron al pretil del puente y allí estaba ‘desnucao’, realmente se les escurrió

Con una gorra beisbolera Adidas calada todo el rato, se levanta el cuello de la cazadora North Face para que no se vean los tatuajes, reclamo seguro para ser detenido por la Policía. Tiene suerte, porque no lleva manchas de sangre en la ropa. Le sigue un compañero del Frente, con un palo. “Le digo que si está loco, que tire el palo, que nos van a enganchar los de la UIP. Me dice que no, que es por si vuelven los del Dépor. Voy, le pego un puñetazo, le quito el palo y lo tiro a río. Me voy despacio, porque me cruzo con dos ‘lecheras’ de la UIP”.

Los antidisturbios del Cuerpo Nacional de Policía van a toda prisa y no reparan en la figura fornida, con una gorra y las solapas de la cazadora subidas que camina despacio en dirección  contraria. A M. se le erizan los pelos del tupé cuando un coche de la Policía Municipal, repleto de agentes pasa a su lado y se pone a su altura. Los policías se asoman para inspeccionarlo. “Empiezo a sudar y rezar para que no se me vean los tatuajes, porque entonces me detienen seguro”. Los agentes lo descartan como sospechoso y siguen en busca de otras figuras que huyen, más apresuradas.

M. consigue llegar a una parada de autobús, se sube y desaparece de la escena, a la que no volverá, como humo. No hace así uno de los detenidos ese día, que volvió ingenuamente al bar-santuario del frente. La sudadera y el pantalón llenos de sangre, que afortunadamente para él no eran de ‘Jimmy’.

"El 'Frente' ha salvado su honor"

En cuanto lo ve la Policía va de cabeza a un calabozo. De allí, a declarar ante la juez Coro Monreal. La Policía se queda con su teléfono y su pertenencias. La juez ha decretado su libertad con cargos, pero no va a ser tan fácil salir del juzgado. Los ultras en Madrid huelen sangre y están desatados, la Policía teme que estén esperando a presos del Frente Atlético en la puerta de los juzgados para apalearlos. Madrid es una ciudad en la que están desatadas las venganzas y la caza al hooligan del equipo rival. Los cuatro detenidos ultras del Atlético temen a los Bukaneros, muy organizados y violentos.

La Policía sube a tres de los cuatro detenidos en un furgón y se los llevan lejos. A Atocha, un sitio que provoca escalofríos en los ultras detenidos: es el lugar de paso obligado de los Bukaneros. “No llevo ni un duro, ni mi teléfono, les digo a los policías que no me dejen allí, que me dieran al menos dinero para llamar a mi familia desde una cabina y que me vinieran a buscar. Me dijeron que me buscara la vida y que me diera prisa, que sabían que había un grupo de Bukaneros que en un cuarto de hora iba a llegar a Atocha. Que ellos se iban y no querían saber nada más”.

Los ultras en Madrid huelen sangre y están desatados

“Jimmy” ya ha sido enterrado. El expresidente del Dépor ha ido al sepelio y se ha abrazado con los ultras. El Atlético expulsa al frente del Calderón. Los ultras sonríen: los más peligrosos nunca entran al campo, donde son más fácilmente localizables por la Policía.

Esto realmente no va de fútbol, ni casi de política. Se trata de pelear por un equipo. En la complicada manera de pensar de un hooligan, “el Frente ha salvado su honor”. Eso sí, casi nadie reconoce que estuviera en la reyerta desde que se supo que había un muerto. Alguno ha huido del país.

Bajo el tupé, sobre el grueso cuello tatuado, encima de los hombros sobredimensionados, no hay arrepentimiento. “Si nos hubieran corrido a nosotros ellos tampoco tendrían pena. Todo el mundo debería pelear un día con los puños por su equipo. No hay nada igual”.

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